Hasta hace unas pocas semanas Keila Esther Cruz Rodríguez deambuló por las calles de la Parada 18 en Santurce porque no tenía un techo donde vivir. Visitaba los establecimientos que abren hasta tarde o 24 horas para pasar las horas de la noche por temor a que le ocurriese algo malo.

Afortunadamente Keila ya cuenta con un techo seguro en un residencial público en Trujillo Alto. Le han prestado algunos artículos como un televisor y le han regalado otros de segunda mano como estufa, algunos muebles y hasta una cama al momento no cuenta con una nevera para enfriar los alimentos que podría comprar a través del Programa de Asistencia Nutricional, pero que no adquiere para que no se echen a perder por falta de refrigeración.

“Ahora mismo lo que más necesito es una nevera. Tengo que pedirle a las vecinas que me congelen agua en botellas para tener algo de hielo y así tomar algo frío”, detalló la mujer de 33 años que está en búsqueda de un trabajo para ganarse la vida dignamente.

Sobre esto reiteró que ha dejado su resumé en todas las ferias de empleo de las que se ha enterado, e incluso lo ha llevado a varias tiendas, pero hasta ahora nadie la ha llamado. Indicó que tiene experiencia en el área de mantenimiento y que en el pasado laboró como cajera en tiendas. “Quiero trabajar porque siempre me ha gustado ganarme mis chavitos”, señaló la mujer que tiene tres hijos de 8, 10 y 12 años que actualmente viven con su abuela materna y una de los cinco hermanos que tiene. Keila explicó que no tiene los medios económicos ni el espacio para hacerse cargo de sus hijos. Esto porque en el apartamento en que reside solo puede quedarse una persona. “Los veo los fines de semana porque ellos viven en Saint Just y en la semana están en la escuela y ayudando a mi mamá que está en sillón de ruedas por varios derrames que le han dado”, expresó.

A esta mujer le encanta cocinar, atender a menores de edad y hacer manualidades. Para esta época festiva realizó unas coronas para adornar las puertas de la casa, confeccionadas con ganchos de ropa y adornados con guirnaldas de colores brillantes alusivos a las fiestas. “Vendí un par a $5.00”, mencionó. Actualmente trabaja como voluntaria en la Junta de Residentes del residencial público donde vive. “Le cojo las firmas a los residentes, ayudo en la decoración y en la organización de las actividades, etc. Me gusta estar ocupada en algo. Por eso necesito un trabajo”, admitió

Informó que además de la nevera que es su prioridad, necesita ropa, un microondas, un televisor porque el que tiene es prestado, y un juego de comedor porque el que le regalaron tiene las sillas despegadas.

Al final insistió que: “Agradeceré cualquier ayuda que me puedan brindar especialmente aquellos que hayan pasado por una situación similar a la mía y lograron superarla. No pierdan la fe, hay que coger las cosas con calma y paciencia y cuando sea el momento llegarán. Cuando estaba en la calle pensé que no tendría mi apartamento y gracias a Dios ahora lo tengo”.

(Para cooperar llame a Cáritas de Puerto Rico al 787-300-4953 o envíe su donativo a: P.O. Box 8812, San Juan, Puerto Rico, 00910-0812).

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