En las pasadas semanas la noticia de la elección del Cardenal Robert Francis Prevost, como el nuevo Papa León XIV, ha corrido de boca en boca, acaparando la atención de todo el mundo. En torno a esto, han surgido pequeños detalles que quisiéramos resaltar, porque ellos enriquecen y manifiestan la vitalidad de la Iglesia de Jesucristo.
El primer hecho que nos impactó fue ver al Papa León XIV conmovido al observar la multitud que lo vitoreaba en la Plaza de San Pedro. Desde el balcón, se presentó al mundo un hombre admirado ante la misión que se le confiaba como Sucesor de San Pedro. No hubo nada que ocultar, con su sonrisa natural y su rostro apacible, con los ojos aguados y dando suspiros. Otro hecho significativo fue ver la sonrisa del Cardenal Bosnio Vinko Puljic. Hay que considerar que este hermano se había excusado de participar en el Cónclave, debido a su salud, pero finalmente pudo decir presente. Estando allí y habiendo emitido su voto, se le concedió el privilegio de estar muy cerca del Papa León XIV, pudiendo regalar al mundo su bella sonrisa, imagen de un amor que se alegra en el bien del otro. Por último, las cámaras captaron una niña que lloraba de alegría. Su llanto espontáneo y sus expresiones faciales hablaban de la grandeza del estremecimiento humano ante una alegría desbordante. En esa niña, todos fuimos invitados a llorar de júbilo. ¡Dios había escuchado nuestras súplicas y había que alegrarse!
Queridos hermanos, continuemos dando gracias a Dios por el nuevo Pastor universal, León XIV, fruto del soplo del Espíritu en la Iglesia. Pidamos, además, la gracia de estar atentos a los pequeños detalles que van sucediendo a nuestro alrededor, porque también ellos forman parte de la historia de la salvación. ¡Felicidades!



