Estas tres prácticas del tiempo cuaresmal hay que observarlas desde el plano de las relaciones con el prójimo. Así lo detalló P. Carlos Javier Vázquez Rivera, Vicario de Pastoral de la Diócesis de Caguas, quien ofreció algunas claves para emprender la oración, el ayuno y la limosna en la Cuaresma 2021.

De hecho, ya Jesucristo advierte que el Padre que está en los cielos lo ve todo y no hay que hacer actos públicos o alarde con estas buenas obras (Mt 6, 1-6; 16-18). Por lo tanto, no hay que hacer ruido para actuar y Dios “que ve en lo secreto te recompensará”.

Oración es encontrarse con Dios

“La oración es la oportunidad de encontrarse con uno mismo, de cara con Dios. ¿Qué Dios me pide? ¿A qué me invita? ¿Qué me propone? Por eso cuando vallas a tu oración, ve a tu cuarto y medita”, subrayó P. Carlos Javier.

La oración es el momento de dar prioridad a Dios en la vida del cristiano. Y el texto bíblico especifica que se debe orar en la habitación, en secreto y sin palabrerías o discursos. “Es momento de reflexionar cómo te sientes con tu experiencia De Dios”, sostuvo P. Carlos Javier.

Ayuno es ejercer la solidaridad

Para el sacerdote el ayuno no es simplemente privarse de los alimentos para cumplir una norma sino crear conciencia de las necesidades del otro. Explico que algunas tradiciones cristianas orientales cuando se ayuna se pide que el dinero que no se gastó en alimentos se comparta con los necesitados. “Es tomar conciencia de la vida del otro. No es simplemente privarte de comer un alimento, es hacerte consciente de las necesidades que tienes delante”, añadió. 

Además, las Sagradas Escrituras piden “no desfigurar el rostro” del hambre que se pueda tener. Al ayunar y ayudar a otros, hacerlo con alegría.

Ofrenda: caridad

Padre Carlos Javier continuó: “Siempre hay alguien que necesita de ti. No necesariamente es dinero, es sintonizar con que el otro es importante en tu vida”. De hecho, el tiempo y la presencia -incluso vía telefónica- pueden ser más valiosos para los que sienten soledad que cualquier dinero. 

“Es la oportunidad de reconocer que Dios me invita a algo, que puedo ser solidario con la vida de los demás y ante todo que puedo hacer que otros se sientan amados por Dios”, concluyó.

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