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La sinodalidad no es una actividad grande, un mero invento o una estructura nueva, sino un verdadero modo de ser, una expresión de la identidad profunda de la Iglesia. En realidad, es el fruto de un milagro, porque congrega a los múltiples miembros del Pueblo de Dios, y así las diversidades dejan de ser un obstáculo y se transforman en una oportunidad de caminar juntos tras el Señor, que es el Camino, la Verdad y la Vida. 

Cuando la sinodalidad se comprende de este modo, deja de ser meramente una palabra de moda del momento, y, al contrario, se torna en una ráfaga del Espíritu Santo.

Así lo vivieron los 176 delegados que acudieron al primer Sínodo Diocesano en Casa Manresa de Aibonito, del 2 al 5 de mayo. Fueron cuatro días que sumaron unas cuarenta horas de intenso intercambio en oración y celebración, conversación espiritual, reflexión y discernimiento. A la escucha del Espíritu Santo, los dieciséis grupos pequeños repasaron la historia de la Iglesia Local de Caguas, hicieron teología, celebraron la fe y la vida, debatieron, y soñaron el futuro que hay que construir.

Participaron en la Asamblea agentes de pastoral y representantes de ministerios, movimientos y servicios a todos los niveles de la Diócesis, entre ellos: presbíteros, diáconos, consagradas, seminaristas y líderes laicos. Acompañaron la experiencia dos pastores evangélicos, el Rvdo. Alberto J. Díaz Rivera, de la Primera Iglesia Bautista de Caguas, y el Rvdo. Heriberto Martínez Rivera, Secretario General de la Sociedad Bíblica de Puerto Rico. 

Como peritos asesores se encontraban Monseñor Raúl Biord Castillo, Obispo de La Guaira en Venezuela, Asesor del Departamento de Espiritualidad y Misión en el Consejo Episcopal Latinoamericano, quien ha servidio como Secretario Ejecutivo de la Conferencia de Obispos de Venezuela. También fue invitado el P. William Segura, presbítero costarricense, biblista y encargado nacional de la Nueva Evangelización, además de colaborador con el CELAM, y gran divulgador de reflexiones bíblicas por todo el Continente.

La nutrida delegación de una veintena de jóvenes se dejó sentir en los diálogos, las sesiones plenarias, sus aportes profundos y sugestivos, y sus inquietantes cuestionamientos.

Si la sinodalidad es unión, ¿cómo se llega a “ser uno”? De nuevo es un milagro. Se trata de un don de la Trinidad, que acontece desde el mismo bautismo, e integra a todos en un solo y mismo Cuerpo. Aunque proviene de Dios, requiere del esfuerzo sincero, personal y comunitario, para saber escuchar y practicar la acogida como hermanos y hermanas, superando prejuicios, clericalismos y aislamientos.

Por otro lado, si la sinodalidad es caminar juntos, ¿cómo se logra en una sociedad marcada por el individualismo y la indiferencia? Esto es también un don de la gracia, que otorga carismas diversos, pero a la misma vez los articula para que se pueda edificar el único Cuerpo de Cristo. En la comunidad se llega a acuerdos para la misión a partir de los talentos de cada cual (ministerialidad), para construir una sociedad mejor (profetismo), y para acompañar a la humanidad hacia el fin último del Reino (misionariedad). Estos elementos son constitutivos de la identidad, que ha sido tema esencial de este Sínodo de la llamada “Diócesis Criolla”.

Los participantes del Sínodo fueron testigos de cómo se puede escuchar con atención y profundidad, y hablar con total libertad y respeto, cuando se hace una conversión del individualismo y de la habladuría prepotente. Los temas oscilaron entre la riqueza de herencia pastoral y de compromiso social a lo largo de sesenta años de historia diocesana, y, por otra parte, los miedos, carencias y desafíos en las personas y en la sociedad actual, así como los problemas en torno a la organización de la vida diocesana y parroquial, la disfuncionalidad de muchos consejos y estructuras parroquiales y diocesanos. Surgieron las preguntas sobre qué hacer para animar a los desencantados (laicos y clérigos), cómo llegar a quienes están heridos o faltos de atención hoy… en fin: cómo llegar a ser verdadera diócesis sinodal-misionera.

Comisión Diocesana de Comunicaciones

Para El Visitante