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La Conferencia Episcopal de Puerto Rico ha publicado una Carta Pastoral sobre la Salud en Puerto Rico.  Considero que es una manifestación valiente e iluminadora motivada por el Evangelio y la reflexión de la Iglesia sobre la Enseñanza Social de la Iglesia en el campo de la moral cristiana y el Magisterio del Papa Francisco. No hay duda de que estamos ante una situación injusta de acceso a los servicios de salud especialmente para nuestra población de adultos mayores, niños y niñas con graves problemas de discapacidad, y los más pobres que no cuentan con recursos para los altos costos de sus medicamentos y tratamientos. Al leer el contenido de la Carta Pastoral surge la pregunta: ¿qué ha pasado con los servicios de salud? Esta manifestación episcopal representa la voz de un grito de aquellos que hoy sufren las consecuencias de un Sistema de Salud injusto. 

Identifico tres enfoques, dentro de otros, que puedo substraer de la Carta: la denuncia, el anuncio y un urgente llamado. Sobre la denuncia me parece fundamental citar de su introducción las siguientes expresiones: “queremos expresarnos sobre la situación de la salud en Puerto Rico, y sus secuelas para la vida humana, la paz familiar, especialmente entre los más pobres y necesitados quienes son las primeras víctimas de la situación a nivel de la crisis en la salud y que confrontamos como pueblo”. Es fundamentalmente una denuncia que describe la situación de la salud en el país en categorías de crisis.  Y además, una crisis compleja pues, se refieren a ella como una crisis multifactorial donde recogen y enumeran todos los factores responsables de esta situación.   

Acerca del anuncio, como segundo enfoque, es una Carta que dentro de la crisis mantiene la esperanza y presenta un camino para enfrentarla: “Nuestra intención es insertarnos, junto al pueblo santo de Dios, en esta discusión sobre la situación sanitaria en Puerto Rico, para darle una mirada desde la perspectiva del Evangelio de Cristo, evangelio de vida, dignidad, la familia, la solidaridad, el bien común y la cultura del encuentro y el amor”. No hay espacio para el silencio cómplice. Nos urge dialogar desde los valores que compartimos, sobre todo, desde la dignidad humana y el bien común.

La Carta termina con un llamado urgente a varios sectores relacionados al trabajo con la salud y que pueden unir esfuerzos para superar la crisis salubrista. Esta iniciativa episcopal representa, en mi opinión, el inicio de un camino que tenemos que hacer todos. Considero que este llamado final tiene dos vertientes, es profundamente cristiano y patriótico. Se dirige a los médicos con palabras que salen del corazón solidario: “…a quedarse en Puerto Rico, nuestra patria los necesita urgentemente. Puerto Rico se nos enferma y se nos muere”. Lo que está en juego es la vida de cada puertorriqueño y puertorriqueña, y la vida de la nación.

El llamado es la invitación al diálogo con los distintos sectores involucrados en la salud para que reconozcan la urgencia del momento histórico de la salud en nuestro país. Termino con una cita del mensaje de los obispos, que manifiesta su dolor, solidaridad, urgencia y esperanza: “No seamos un pueblo que se corre el riesgo de perder sus esperanzas su gente y su futuro”. Jesús en el Evangelio, nos revela “estuve enfermo y me visitaste”.  

P. Dr. Juan Luis Negrón Delgado

Decano Artes y Humanidades 

Pontificia Universidad Católica

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