Nuestra Señora del Rosario y Yauco

Yauco en una mano sostiene una taza de café porque en su otra mano aprieta el Santo Rosario. Y en estos últimos años el Pueblo del Café se ha aferrado fuertemente al rosario porque fue uno de los epicentros de la serie sísmica del suroeste de Puerto Rico (2019-2022). Esto afectó directamente a las estructuras parroquiales en el casco urbano con el agravante del tiempo pandémico. Ante esto, su fe, esperanza y caridad se mantuvieron firmes.

“Ha sido un tiempo especial para vivir la fe juntos, como pueblo de Dios”. Así lo resumió con voz tranquila y gratitud a Dios Fray Carlos Alberto Rodríguez Villanueva, OP, Párroco de Nuestra Señora del Rosario de Yauco, en conversación con El Visitante. Gracias a Dios, especificó que las actividades pastorales, las reuniones con las comunidades y el jueves eucarístico se retomaron. La parroquia cuenta con la comunidad de frailes compuesta por Fray Rafael González, Fray Gregori Maturi y Fray Carlos Rodríguez. Además, cuatro diáconos (dos retirados), las hermanas dominicas de Fátima, 11 capillas, catequistas y diversas pastorales.

Historia

Los orígenes de la parroquia yaucana se remontan a la fundación de los primeros conventos de Puerto Rico a principios de los 1600; el Convento Santo Tomás de Aquino en San Juan y el Convento Porta Coeli de San Germán. En ese tiempo, Yauco era una de las paradas del largo camino a pie o a caballo para los frailes. Prueba de ello es la ermita de la Virgen del Rosario en Barinas. 

Luego, a finales del siglo 19 hubo escasez de clero en Puerto Rico y coincide con que los dominicos de las Antillas Holandesas buscaban lugares de misión. Al recibirlos en Borinquen llegan a cuatro pueblos, uno es Yauco que ya se había fundado en el siglo 18. Con los temblores de principios del siglo 20 los frailes holandeses se dieron a la tarea de levantar el templo actual. Con la serie sísmica en los pasados años, el templo y la casa parroquial se afectaron. Gracias a la generosidad de los yaucanos se reabrió la iglesia dos semanas antes de Semana Santa 2022. 

También, agradeció el fiel apoyo a la parroquia recibido por parte de los dominicos de Puerto Rico, de Fray Louis Morrone, OP, nuevo Prior Provincial de la Provincia Dominica de San Alberto Magno del centro de los EE.UU., y de Fray Jim Sphan, OP. asociado del provincial para Puerto Rico. 

Durante ese tiempo sísmico-pandémico los frailes vivieron en casetas de acampar, como el pueblo. “Fue una vivencia especial de la fe donde hemos visto como el pueblo se ha desbordado con gestos de fe y cariño con nosotros”, precisó.

Fray Carlos explicó: “Uno de los mayores retos que enfrentamos como parroquia es la atención a la población de adultos mayores. La población ha envejecido. Es una gran prioridad y desafío que tenemos como pueblo y como iglesia parroquial aquí. La despoblación es otro desafío. Hay capillas que han sentido el problema de la migración en los campos por el problema de la economía, de los terremotos, del COVID… En las casas viven los ancianos, abuelos y los enfermos. Hay que llegar a ellos. Al mismo tiempo son un tesoro por cómo viven su fe”.

Además, señaló al desafío con el matrimonio y la familia para fortalecer el hogar y la familia que son la clave para que la iglesia crezca. “Lo más importante es llevar la Palabra y evangelización a las almas. Como buenos dominicos, se trata de desvivirse para salvar y sanar almas, para vivir en comunidad. Estamos soñando la parroquia bajo el amparo de la Virgen del Rosario”, concluyó Fray Carlos.

Tal vez el mayor regalo de fe para la comunidad parroquial en los pasados dos años fue que Fray Carlos fue ordenado diácono transitorio el 15 de mayo de 2022, ordenado sacerdote el 24 de marzo de 2023 e instalado como párroco posteriormente.

El pueblo de Yauco cuenta con otras dos parroquias que se fragmentaron de Ntra. Sra. del Rosario. Estas son: San Martín de Porres y Santo Domingo de Guzmán; dos santos dominicos. ¡Que viva la Virgen del Rosario! ¡Que viva Yauco!

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

@Enrique_LopezEV

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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