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El Libro de las Crónicas hace un recuento de la Historia de la Salvación, recordándole al pueblo que, por sus pecados de idolatría Dios permitió la destrucción de Jerusalén y de su templo, pero que, una vez cumplida la penitencia, Dios lo rescata permitiéndole que volviera a Jerusalén y lo reconstruyera.

Lo mismo nos dice San Pablo en la Carta a los Efesios: sin nosotros merecerlo, Dios nos ha salvado por medio de su Hijo Jesucristo.

¿Cómo nos salva Dios? Jesucristo le dice a Nicodemo en el Evangelio de San Juan, por medio de su eventual muerte en la Cruz. ¿Por qué Dios lo hace? Eso es lo que Jesucristo le explica a Nicodemo.

Llegamos al Domingo del Laetare, el Domingo de la Alegría. Laetare= alegrarse, viene de la palabra latina Laetitia (que se pronuncia Leticia, como el nombre femenino), y que quiere decir que, en medio del espíritu penitencial y luctuoso de la Cuaresma, nos debemos de alegrar porque Dios nos ama tanto, que nos salva sin nosotros merecerlo.  

Los dos Libros de las Crónicas son un recuento de los II Libros de Samuel y los II Libros de los Reyes. En ellos, los autores sagrados quieren dejarle en claro a Israel la acción de Dios en la Historia de Salvación del Pueblo Escogido. Hoy, el Autor recuerda que el gran pecado contra Dios, contra la Alianza, es el pecado de la idolatría, el adorar a otros dioses que no sea YHVH. Este pecado fue llevado tanto por los reyes de Jerusalén como por los sacerdotes del templo. Los profetas lo advirtieron muchas veces, pero nos les hicieron caso hasta que llegó Jeremías anunciando la destrucción de Jerusalén por parte de Babilonia por no obedecer a YHVH. De hecho, este es el corazón del libro de Jeremías. Pero, en el mismo anuncio de destrucción, Jeremías promete la restauración porque Dios ama a Israel a pesar de su infidelidad. Esa restauración se cumple cuando Persia vence a Babilonia y Ciro de Persia permite a los judíos regresar a la ciudad para reconstruirla y reconstruir su templo. Este es el corazón del libro de Esdras y Nehemías.

San Pablo, retomando lo que nos dice la 1ra lectura y añadiendo el hecho salvífico de Jesucristo, recuerda que nosotros no fuimos salvados ni por lindos ni por santos, sino que, al contrario, siendo nosotros un hato de pecadores, Dios nos ha salvado por medio de su Hijo Jesucristo que sí era el Bello, sí era el Santo.

Y ahora vamos al bello relato del Evangelio. Nicodemo era miembro del Sanedrín pero simpatizaba con las enseñanzas de Jesucristo. Siendo miembro del consejo, escuchaba lo que se tramaba en contra de Jesucristo y una noche, sin que nadie lo supiera, descubrió donde Jesucristo se encontraba y fue para alertarlo y se escapara. Para su sorpresa, no solamente Jesús sabía lo que estaba pasando, sino que también le adelantó cómo sería su muerte, ¡La Cruz!, y el motivo de esta muerte: que Dios ama tanto a la humanidad que la va a salvar por medio de la muerte de su Hijo en la Cruz. Este versículo, Juan 3, 16, se convierte en el resumen de toda la Biblia y la razón de nuestra fe en Jesús. Por esto estamos alegres.  

P. Rafael “Felo” Méndez Hernández

Para El Visitante