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San Lucas comienza el libro de los Hechos de los Apóstoles con el relato de la Ascensión del Señor. Así el Evangelista une su segundo libro con el primero, que sería el Evangelio.

Nos dice San Pablo en la Carta a los Efesios que Dios Padre, luego de resucitar a Jesucristo, lo sienta a su derecha.

El Evangelio de San Marcos, siendo el primero de los cuatro evangelios en ser escrito, nos indica dice directamente que Jesucristo, al término de su misión, sube derecho al Cielo.

Durante este periodo de Pascua, hemos insistido que Jesucristo, mientras que anunció con bombos y platillos su muerte y que ésta fue el acontecimiento más importante en Jerusalén ese Viernes Santo, su Resurrección fue de manera casi secreta, como si Jesucristo no quisiera que nadie se enterara de que resucitó, sino solamente sus discípulos. Esto hace que sea más difícil que los Apóstoles en aquel tiempo, y a la Iglesia actualmente, el anuncio de la Resurrección del Señor. Pero esto tiene dos razones: Dios quiere que nosotros creamos en la Resurrección del Señor por fe, no por espectáculo. En segundo lugar, la misión de Jesucristo tiene dos partes: la de establecer el Reino de Dios, y la rama que se siembra en tierra para el inicio de ese Reino es la Cruz, abonada con la Sangre de Jesucristo, y la de morir en la Cruz para la remisión de nuestros pecados. Una vez que Cristo muere, concluye su misión: la Resurrección es la conclusión lógica, realizada por el Padre en honor a su Hijo, como lo dice la segunda lectura de hoy en la Carta a los Efesios.

Pero ahora, una vez resucitado de entre los muertos, el Señor Jesús le deja a los Apóstoles, a la Iglesia, la misión de anunciar su Muerte y Resurrección porque Él regresa al Padre. Este mandato es, para Jesucristo, más importante aún que el hecho de ascender a los cielos. Desde que Cristo resucita ya está en el cielo, puesto que, por ser Dios, puede estar en todas partes al mismo tiempo. Pero sus apariciones carnales son para garantizarle a los Apóstoles que resucitó, al mismo tiempo que enfatiza y re-enfatiza que vayan por el mundo entero a predicar el Evangelio. No enfatizaremos la unión que hay en el tema de la misión en el Evangelio de San Lucas y los Hechos, porque esto es para el Ciclo C, pero sí hemos de señalar que, en la primera lectura de hoy, Jesucristo reúne a los Apóstoles, una vez más les ordena a anunciar la Buena Nueva al Mundo, y los envía a Jerusalén por 10 días, para que reciban el Espíritu Santo y puedan realizar esta misión.

Llama la atención que, siendo el primero de los evangelios en ser escrito, el Evangelio de San Marcos sea contundente en cuanto el mandato de Jesucristo de que este Reino, que implantó con su predicación y su muerte en la Cruz, sea extendido al mundo entero a través del anuncio de la Buena Nueva, la evangelización. Esto me acuerda a las palabras de San Pablo VI en Evangelii Nuntiandi, que la Iglesia existe para evangelizar.  

Y, al final del Evangelio, Jesucristo asciende a los cielos. ¿Por qué? Porque ya terminó su misión y quiere regresar a casa, a abrazar al ser que Él más quiere en el cosmos, a su Abba, a su Papá, y disfrutar ese cielo que se lo ha ganado por su Muerte y Resurrección. Amen.

Padre Rafael “Felo” Méndez

El Visitante