Toda experiencia humana se basa fundamentalmente, en compartir la vida en el mundo, tal y como es. En una familia, cualquier grupo humano y en la sociedad que nos identifica. El encuentro con el otro, los otros, con los que nos rodean, es lo normal en una transacción de miradas, palabras, gestos, sentimientos, acciones. El estar solo, no es lo mismo que sentirse solo. Lo normal es buscar, motivar el encuentro. Y esto, por distintas razones o motivos. Aquí lo que se recomienda, según Viktor Frankl, son tres normas consideradas básicas en esa experiencia de compartir la vida.

Para poder vivir hay que tomar decisiones 

El Creador regala la vida a manera amorosa y gratuita. Como es ya conocido, el ser humano escoge si quiere vivir o morir. Esa es su libertad como creatura hecha a imagen y semejanza de Dios. Se espera que el ser humano escoja vivir haciendo el bien a los demás. De ahí fluye toda su felicidad…

-Tomar una decisión es un acto moral, consciente, deliberado. No es un instinto. Así es como se forjan las virtudes, los hábitos de hacer lo que es correcto de acuerdo con la conciencia.

-El escoger esto y no lo otro, debe hacerse con sabiduría y con plena conciencia de las consecuencias de acciones tomadas…

-El ser humano no vive para sí solo. Su existencia está siempre conectada con un ser superior y con toda la creación que le rodea; siempre corre el riesgo del encerramiento en sí mismo, que tiende a ahogarlo…

-El decidir tomando en cuenta el bienestar de los demás es lo que en el Evangelio de Cristo se llama “caridad”; para el no creyente sería “altruismo” o filantropía…

-En todo caso, cada decisión, desde la perspectiva de la fe, adelanta la causa del Reino o lo retrasa, (aunque ni uno se dé cuenta)…

Para poder amar hay que abrirse 

Hay que tomar el riesgo de hacerse vulnerable al otro; hay que relacionarse y dejarse encontrar. En ese conocerse mutuo, es que se descubre el valor de vivir, la razón de ser de la vida. Fuimos creados para amar (1 Jn 4, 6-8) y es así como el ser humano logra su realización plena…

-En el amor es que se motiva al otro/a, a descubrir su propia grandeza y a la misma vez, sus limitaciones…

-Amar es la capacidad de enriquecer al otro/a, no de dominarlo/a; ese es el gesto más rico de la experiencia de amar; batallando continuamente la inclinación egoísta de complacerse a uno mismo/a…; de adueñarse del otro/a…; de ejercer poder sobre el otro/a…

-Se conoce cuando el amor es genuino, cuando se manifiesta un sentido profundo de compasión y confianza; es la experiencia que reta el amarre egocentrista que malogra la relación de ese encuentro con la persona amada. Por ahí es que se descubre el significado de lo que es el vivir; la razón de ser de la existencia humana, la entrega total, (como Cristo)…

Para crecer es necesario Sufrir 

El sufrimiento es parte inseparable de la vida tal y como la conocemos. No hay que buscar el sufrimiento, si abrazamos la vida con pasión, el sufrimiento se presentará como consecuencia normal. No todos logran amar. La vida ocurre a manera espontánea, libre. Se desarrolla en un proceso que pasa por distintas etapas, a modo evolutivo y progresivo.

-Inevitablemente, el crecer pasa por situaciones difíciles y dolorosas. Esas son las oportunidades de descubrir el poder más grande que el Creador le concedió al ser humano. Se decide abrazar el sufrimiento libremente y el ser humano se convierte en dueño y no víctima del dolor. De nuevo, todo depende de cómo escogemos vivir el sufrimiento… una maldición o una bendición. Todo conflicto nos construye o nos destruye. Esa es la opción personal …

-El ser humano puede transformar la vida en una bendición, cuando el sufrimiento se convierte en un “sacrificio” (del latín: sacro -facere) = hacer sagrado. Significa, no solo hacer el sufrir algo sagrado, si no también vivir haciendo lo que es sagrado…

-Eso fue lo que Jesús hizo durante toda su vida, según el Evangelio. Su condición humana le capacitó para saber lo que era amar, y sufrir como consecuencia de ese amor. Su sufrimiento siempre fue un “sacrificio”…

-En lo innegable de la existencia humana, donde el sufrir es inescapable, la cuestión entonces no es cómo evitar el sufrimiento, si no cómo transformarlo en fuente de gracia y bendición. Para eso se necesita un arraigo profundo en la fe en Cristo Jesús.

Estas tres normas mencionadas por Viktor Frankl, el neurólogo y psiquiatra austriaco, (era judío, no cristiano) están conectadas. Se deben considerar como un conjunto de recomendaciones para vivir con mayor paz interior y mayor satisfacción. El esfuerzo debe de ser que, guiados por el Espíritu del Señor, abracemos la vida, tal y como es, con todas las imperfecciones, trabajos y sufrimientos. Es así, que la existencia humana, tal y como la conocemos, se convierte en algo preciado y valioso, si nos arriesgamos a vivir con el atrevimiento de tomar decisiones, la gracia de abrirnos para poder amar y ser amados y la valentía de abrazar el sufrimiento como experiencia transformativa.

(Domingo Rodríguez Zambrana, S.T. )

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