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En una ocasión, hace ya algún tiempo, escuché a un predicador, un tanto exaltado, expresarse de la siguiente forma. ¡Mira que eres loco, Señor! ¿Para qué quieres venir? Si casi nadie te espera. Pero, ¿no ves lo que somos y hacemos? ¿No estás viendo que cerramos nuestro corazón a los hermanos, especialmente a los más necesitados?

Percibo, no obstante, que con tu gesto testarudo de invitarnos a celebrar cada Navidad, estás pretendiendo decirnos algo:

➢ Que el cielo está siempre abierto,
➢ Que hay estrellas que guían nuestros pasos,
➢ Que hay ángeles humanos a nuestro lado,
➢ Que podemos hacernos tiernos y cercanos como niños,
➢ Que el mundo puede ser nuevo,
➢ Que Dios es Padre y Madre en medio de tanto desconcierto…

Si es así, Jesús, ven a nuestra casa en esta Navidad. Ven a nuestros pueblos y ciudades. Ven a nuestras parroquias, a nuestros grupos, a nuestras comunidades religiosas. Pero, ven, Jesús, antes que nada, a nuestro pobre corazón.

La Vida, una vez más, llama a la puerta, ¡le abrirás! ¿Con quién te vas a encontrar? Atento a las señales. Cuando el ángel anuncia a los pastores que Jesús ha nacido, la señal no tiene nada de extraordinario: “Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Es que Dios se nos presenta en lo cotidiano, en lo normal de la vida. ¿Cuándo lo entenderemos?

Me dirás que la Navidad está hoy tan desfigurada que parece casi imposible ayudar a alguien a comprender el misterio que encierra…

Tal vez hay un camino, pero lo ha de recorrer cada uno. Se trata de vivir una experiencia humilde de Dios. Si te abres al misterio, sentirás a Dios muy cerca. El mensaje de la fe de la Navidad es que Dios está con nosotros. Dios se ha hecho hombre. Ya nunca estaremos solos. ¡Jamás! Dios se hecho humano. En cada uno de nosotros puede nacer Dios. María, la Madre de Jesús, la Madre del Emmanuel, nos puede acercar a Jesús, el Dios con nosotros. 

El ser humano es un ser débil a pesar de sus apariencias. El nacimiento de Jesús se nos presenta como un “gran acontecimiento” revestido de debilidad. Todo para que el hombre pueda descubrirle y así caminar juntos. Atentos a las señales. Contemplamos el Nacimiento de Jesús al margen del bullicio de la sociedad y los centros de poder.

Jesús nace y nos pide que seamos conscientes de que con Él podemos ser más felices y salir de nuestras apatías, mejorando el mundo. Al observar este nacimiento en la Navidad del 2023 -aunque lo ignoremos también este año el Señor vendrá- se llenará nuestra mente de paradojas de algo incomprensible a nuestras mentalidades humanas. Pero, a pesar de los nubarrones que se ciernen sobre nuestras cabezas, vamos a celebrar. Celebrando comprenderemos mejor el mensaje de Dios que nace niño, con la debilidad de un recién nacido, pobre, con la humildad del que necesita de los demás. 

La Navidad nos quiere transmitir, una vez más, que Dios sigue amando a los hombres. Nuestra celebración es el reflejo de este amor. No tiene sentido celebrar la Navidad sin hacer resaltar el amor que Dios nos tiene. No podemos celebrar el nacimiento de Jesús desde el mero consumismo, pero tampoco pasar las fiestas como mero ritualismo. En definitiva, vivir la Navidad con gratuidad hacia los hermanos, porque así la hemos recibido de Dios.

La Navidad “es”: 

  • Cada alegría compartida, Navidad, 
  • Cada lágrima enjugada, Navidad, 
  • Cada amistad ofrecida, Navidad, 
  • Cada esfuerzo conjuntado, Navidad, 
  • Cada amistad ofrecida, Navidad, 
  • Cada éxito logrado, Navidad, 
  • Cada perdón generoso, Navidad, 
  • En la oración, cada palabra y silencio, Navidad. 
  • Comulgando con Cristo seremos, Navidad. 

“Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz”

P. Juan Martínez Ruíz, Salesiano 

Para El Visitante