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El 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María, se conmemora el 58 aniversario de la consagración episcopal de Monseñor Antulio Parrilla Bonilla, SJ. Su consagración episcopal destacó un elemento que marcó e influenció su ministerio, el ofrecimiento de su Voto de Víctima. Desde el contexto bíblico un voto es un compromiso voluntario, un pacto de entrega por amor a Dios. El voto de víctima emitido por Monseñor Parrilla consta de tres artículos, el primero ofrecido en su consagración episcopal (15 de agosto) comprometiéndose a “Aceptar y nunca rehusar deliberada y voluntariamente, cualquier sacrificio grande o pequeño, espiritual o físico bien sean arideces o desconsuelos en la oración; como dolores o enfermedades; calumnias o maledicencias; o trabajo arduo o inactividad, que se me ofrezcan en la vida (fragmento)

Durante el período (1965-1967) Monseñor Parrilla ejerce su ministerio como obispo auxiliar para la Diócesis de Caguas y posteriormente como rector de Seminario Regina Cleri de Ponce. Concluida su función ministerial como rector del seminario, Monseñor Parrilla  enmienda su voto de víctima por primera ocasión (15 de septiembre) asumiendo de la manera siguiente: “Hago voto además de nunca arrepentirme o sentir haber hecho el voto de víctima, deliberada y voluntariamente, no importando las consecuencias que éste pueda traerme por haberlo así contraído; De modo que cometería falta grave si me arrepintiera o sintiera haberlo hecho, o en alguna forma tratara de cancelarlo con voluntad deliberada; Y leve si faltara esto último”. Finalmente, Monseñor Parrilla enmienda su voto por segunda ocasión (12 de diciembre de 1968) para incorporarle los elementos de perpetuidad y gravedad: “Hago este voto perpetuo para ejecutar todas mis acciones, hasta las más ordinarias, a la manera de Jesús Víctima; ser pronto en la aceptación de cualquier sacrificio; considerarme consagrado a Dios para satisfacer, tanto cuanto de mí dependa, por las ofensas cometidas contra Él”. 

Con su voto de víctima, Monseñor Parrilla ofreció el testimonio de un alma sacerdotal como pocas; un alma dispuesta a aceptar todos los dolores, humillaciones y pruebas en favor de la justicia y la conversión de su pueblo. De esta manera, la espiritualidad de Monseñor Parrilla se une al testimonio de muchos otros que de igual manera se han ofrecido en oblación misericordiosa a Jesús. El Papa Francisco en su llamada a la santidad nos recuerda que cada uno de nosotros puede amar como Cristo nos ha amado “Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a otros”, (Jn 13, 34). Es de gran significado que Papa Francisco resalte la dimensión del amor “como yo los he amado”, recordando que Jesús nos ha amado hasta el extremo, hasta la entrega total de sí. Este amor de Jesús ejemplificó la vida de Monseñor Antulio Parrilla. Una vida de auto donación y ofrecimiento de sí mismo a Dios hasta el ofrecimiento de una vida acompañado también de dolores, mortificaciones y persecuciones, como víctima en cumplimiento y plenitud de su consagración sacerdotal y episcopal.

Julio L. Motta, Seminarista

Arquidiocesis de San Juan

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