Mons. Eusebio Ramos Morales,
Obispo de la Diócesis de Caguas,
Presidente de la Comisión Nacional de Misiones en Puerto Rico
¡Saludos hermanos, discípulos misioneros de la esperanza! Cada año celebramos la Jornada Mundial de las Misiones para reafirmar nuestra identidad bautismal y cobrar mayor conciencia sobre el mandato misionero de Jesucristo a sus discípulos: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Noticia a toda criatura”, Mc 16, 15. Mandato y anuncio con carácter global, pues, somos enviados al mundo entero. Pero también, están cargado de esperanza: proclamar la Buena Nueva que es anuncio de vida nueva y de salvación para todos. Jesús continúa su ministerio de vida y “esperanza para la humanidad por medio de sus discípulos, enviados a todos los pueblos”, (Mensaje de Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones, 2025/ 02/06).
Discípulos somos todos los bautizados para el mundo entero. También nosotros, bautizados en Puerto Rico, somos sus discípulos hoy. Con la gracia de haber vivido la experiencia del VI Congreso Americano Misionero en nuestra tierra, estamos llamados más que nunca a irradiar esa Buena Nueva de vida y esperanza a todos nuestros hermanos en la realidad social y eclesial del país. Cuando celebramos el Jubileo Ordinario 2025, Jubileo de la Esperanza, el Papa Francisco llamó a todos para que seamos “Misioneros de esperanza entre los pueblos. Luego, en medio de la realidad de vida nuestra gente, abracemos con alegría la encomienda de ser misioneros de esperanza.
Misioneros de esperanza para un pueblo que empobrece con una inflación en los precios que se eleva, ya, a límites exagerados y preocupante. Sí, hermanos, tenemos que cultivar la esperanza a tanta gente que se empobrece ante el alto costo de alimentos, medicinas y en los servicios básicos. Contemplemos a tantos jóvenes que miran su futuro con incertidumbre ante el encarecimiento de la vida y la falta oportunidades para ellos, y sin olvidar la violencia extrema que les arrebata la alegría y les lleva en ocasiones abandonar al país. Llevemos y cultivemos la esperanza en nuestros viejos, a veces cansados y enfermos, y atrapados en la soledad y el encarecimiento de sus medicamentos, que los empobrece cada vez más. Hacen falta con urgencia misioneros de esperanza para nuestros niños que son el proyecto de futuro de este pueblo. ¿Cuántas heridas y violencias en los hogares que roban la paz y laceran la estabilidad emocional de los niños ante la falta de amor y de respeto en muchas familias y sus alrededores sociales?
El Santo Padre, el papa Francisco, nos llamaba a ser “Misioneros de Esperanza entre los pueblos”. Con esta encomienda, les invito a celebrar la Jornada Mundial de las Misiones, confirmado y reafirmando nuestro discipulado misionero. Cultivemos la esperanza en nuestras comunidades amenazadas por la pobreza y la violencia que vive este pueblo. Convirtámonos en portadores de paz y de justicia ante una cultura de violencia que sigue creciendo a nuestro alrededor. Los misioneros somos discípulos y amigos de Jesús para ir por todas partes irradiando la Buena Nueva del Evangelio de la Vida. ¡Con alma misionera, salgamos a sembrar esperanza!



