La vida espiritual de Carlos Manuel Cecilio consistió en su plena identificación con Cristo, en su amor total al Padre en el Espíritu Santo.
Para él, Cristo era el punto de partida y el término de la existencia. A él se le podía aplicar literalmente las palabras de San Pablo: “Mi vivir es Cristo” o “No vivo yo, es Cristo quién vive en mí”
Crece y vive cada día en las virtudes cardinales y teologales.
Cuando en el Dicasterio para la causa de los Santos, es aceptada la causa de canonización, se evalúa por 8 diferentes teólogos la forma en que el siervo de Dios, ha vivido sus virtudes, conclusión: “Esta causa es verdaderamente singular”. “Sí, afirmativamente y con seguridad, el siervo de Dios practicó heroicamente las virtudes teologales y cardinales”
En una ocasión, participaba de las charlas de Charlie en el Círculo de Liturgia en el Centro Católico Universitario la Dra. Margot Arce de Vázquez, baluarte de nuestra literatura en la Universidad de Puerto Rico y compartió:
“Ese muchacho (Carlos Manuel) es lo que mi amiga Gabriela Mistral llamaba ‘un hijo del Espíritu Santo’”



