La Cuaresma es un tiempo privilegiado para la conversión del corazón y la renovación de la vida cristiana. Así lo subraya Andrés Arango, quien será el predicador de la próxima Misión Cuaresmal Arquidiocesana, al recordar que este tiempo litúrgico no se reduce a prácticas externas, sino que exige una transformación interior que se traduzca en caridad concreta y compromiso con el prójimo.
Desde su experiencia pastoral y evangelizadora, Arango destaca que, aunque la Iglesia propone tradicionalmente la oración, el ayuno y la limosna, hoy el llamado más urgente del Señor es vivir auténticamente la caridad. Inspirado en el Evangelio de Mateo 25, insiste en que el encuentro con Cristo pasa necesariamente por el encuentro con el que sufre, con el marginado y con el necesitado. No se trata solo de ofrecer ayuda material, sino de comunicar el amor de Dios y su mensaje de esperanza a quienes lo necesitan.
En ese sentido, la Misión Cuaresmal Arquidiocesana se presenta como un espacio privilegiado para vivir una Cuaresma que se hace misión. Para Arango, estos días de encuentro deben ser asumidos como una oportunidad para abrir el corazón a la acción del Espíritu Santo, dejarse tocar por la Palabra de Dios y renovar la experiencia personal con Jesucristo. La misión no busca simplemente llenar un calendario de actividades religiosas, sino propiciar un verdadero encuentro que impulse a una vida cristiana más comprometida.
Uno de los grandes desafíos que enfrenta hoy la evangelización, según el predicador, es una sociedad marcada por la prisa, la inmediatez y la fragmentación. Vivimos en un mundo que exige respuestas rápidas y donde la información circula constantemente. Ante este panorama, Arango reconoce que la Iglesia está llamada a ser más ágil, creativa y audaz en su manera de anunciar el Evangelio, sin perder la esencia del mensaje cristiano. La evangelización afirma es sencilla en su núcleo: anunciar que Cristo vive, que ha resucitado y que transforma la vida de quienes se abren a Él.
La Cuaresma, por tanto, no puede vivirse como un tiempo aislado de la misión evangelizadora. Al contrario, debe convertirse en un proceso que prepare el corazón para salir al encuentro de los demás. Arango subraya que una auténtica experiencia cuaresmal conduce necesariamente al testimonio y al anuncio, pues quien se ha encontrado verdaderamente con Cristo no puede guardarse esa experiencia para sí.
Al dirigir un mensaje al pueblo de Dios en Puerto Rico, el predicador invita a prepararse desde ya con la oración y la intercesión. Exhorta a los fieles a participar en la Misión Cuaresmal Arquidiocesana en el Santuario Nacional de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia con un corazón abierto, dispuesto a un encuentro nuevo con el Señor. Su deseo es que estos días sean una ocasión para “reenamorarse” de Cristo y salir fortalecidos para compartir la fe en las comunidades, especialmente con aquellos que buscan sentido y esperanza.
La Misión Cuaresmal, vivida con profundidad, puede convertirse así en un punto de inflexión espiritual que marque el camino hacia el Triduo Pascual y renueve la vida de la Iglesia desde la experiencia viva del Evangelio.



