Con un profundo espíritu de gratitud y esperanza, el movimiento Renovación Conyugal celebró una misa de acción de gracias con motivo de su 50 aniversario, reafirmando su compromiso con el fortalecimiento del matrimonio y la vida familiar en Puerto Rico. La eucaristía congregó a matrimonios, auxiliares y miembros fundadores que, a lo largo de cinco décadas, han sostenido esta obra eclesial dedicada al acompañamiento de parejas en su caminar humano y espiritual.
La celebración fue presidida por Mons. Eusebio Ramos Morales, obispo de Caguas y presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, quien estuvo acompañado por el P. Jorge Ambert Rivera, SJ, director espiritual de Renovación Conyugal, así como por otros sacerdotes, diáconos y laicos pertenecientes al movimiento. Tras un breve saludo inicial, Mons. Eusebio resaltó la importancia de movimientos laicales como Renovación Conyugal, que desde la fe responden a realidades concretas que enfrentan hoy las parejas y las familias.

La homilía estuvo a cargo del padre Ambert, quien ofreció una profunda reflexión centrada en el agradecimiento como actitud fundamental del cristiano. Inspirado en un pasaje de El Quijote, el sacerdote recordó que la ingratitud es uno de los grandes males del ser humano y que, ante la infinita generosidad de Dios, la respuesta más auténtica es un “gracias” sincero y comunitario. “Creo que nos hemos reunido en esta noche para dar un gran grito de agradecimiento, un resonante gracias”, expresó el padre Ambert, subrayando que estos 50 años son fruto de la gracia de Dios y del compromiso generoso de innumerables matrimonios.
Durante su reflexión, el director espiritual hizo un recorrido por la historia del movimiento, agradeciendo a Dios por haber inspirado su fundación y por el acompañamiento constante de la Iglesia, en particular de los padres jesuitas. De manera especial, reconoció a los cientos de parejas que han sostenido la obra con su tiempo, recursos y testimonio de vida, muchas veces compartiendo con humildad sus propias luchas para ayudar a otros matrimonios a sanar y crecer. “Ellos son la obra, en realidad”, afirmó, destacando el valor del servicio laical como motor de evangelización.

El padre Ambert también subrayó que Renovación Conyugal no pretende ser el único camino, sino uno entre muchos dentro de la Iglesia que buscan el mismo fin: acompañar a las parejas hacia una vivencia más plena del matrimonio cristiano. Reconoció los desafíos actuales que enfrentan las relaciones de pareja en un mundo marcado por cambios culturales, tecnológicos y sociales, pero insistió en que el núcleo del matrimonio —ser “una sola carne”— permanece inalterable, tal como lo quiso Cristo. Con mirada esperanzadora, animó a continuar la misión y, evocando el Evangelio, expresó el deseo de que el movimiento siga sirviendo “50 años más” a la Iglesia en Puerto Rico y más allá de la Isla.
Como parte de la cobertura, se recogieron también expresiones del propio padre Ambert, quien resumió este aniversario como un momento para celebrar con alegría y gratitud una obra que ha dado frutos abundantes, aunque no exenta de sacrificios y momentos difíciles. “Como toda experiencia humana, han sido años de muchos éxitos, muchas alegrías y también de mucha dureza”, señaló, destacando que, al mirar atrás, lo que prevalece es el bien realizado en favor de las parejas y de la Iglesia.

Asimismo, Brendaliz Hernández, auxiliar del movimiento, compartió la importancia de Renovación Conyugal en el contexto actual. Explicó que, a lo largo de estos 50 años, el movimiento ha impactado a más de 10,000 parejas en Puerto Rico, trabajando no solo con matrimonios sacramentados, sino también con parejas en convivencia o matrimonio civil que atraviesan situaciones retantes. “Lo que busca Renovación es lograr que estas parejas se reconecten y neutralizar situaciones de peligro, desde una propuesta espiritual, eclesial y laical”, afirmó Hernández, resaltando el valor del testimonio de los auxiliares que acompañan a otras parejas desde su propia experiencia de sanación y crecimiento.
La misa de acción de gracias marcó así un hito significativo dentro de las celebraciones del 50 aniversario de Renovación Conyugal, un movimiento que continúa reafirmando su misión de acompañar, formar y sostener a las parejas, convencido de que el matrimonio, vivido desde el Evangelio, sigue siendo fuente de esperanza para la Iglesia y para la sociedad puertorriqueña.



