Recientemente los diáconos de la Diócesis de Caguas en nuestra condición de Sede Vacante nos congregamos como cuerpo diaconal en nuestro Encuentro Diocesano de Diáconos permanentes celebrado en el Centro Santísimo Redentor en San Lorenzo. Alrededor de 55 diáconos nos encontramos junto a nuestro coordinador diocesano de pastoral, Padre Jorge David Cardona Amaro, quien magistralmente nos condujo en la reflexión del día: El diácono permanente y la nueva evangelización. Aquí les presentamos una síntesis de lo compartido ese día.

La Iglesia desde los tiempos del Concilio Vaticano II ha estado invitándonos a renovar el modo de llevar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Con este tema específico el Papa Pablo VI escribió la Evangelii Nuntiandi (1975) en la que trató el tema de la Evangelización de los pueblos refiriéndose al desafío planteado en el Concilio: “Hacer a la Iglesia del siglo XX más apta para anunciar el Evangelio a la humanidad de este siglo”. (E.N.2) Como bien lo indicó el entonces Papa, “las condiciones de la sociedad nos obligan por tanto a revisar métodos, a buscar por todos los medios el modo de llevar al hombre moderno el mensaje cristiano”. (E.N. 3)

Este texto constituye el antecedente próximo a lo que Juan Pablo II llamó la Nueva Evangelización, subrayando con ello la necesidad de revitalizar la fe allí donde se había perdido. La preocupación de Juan Pablo II nace de la realidad de un mundo europeo que se estaba descristianizando. Este concepto lo utilizó por primera vez el 9 de junio del 1979, cuando visitó la ciudad de Nowa Huta, exclamando: «De la cruz en Nowa Huta ha comenzado la nueva evangelización: la evangelización del segundo milenio» (Observatore Romano 24 de junio del 1979).

Sin embargo no es hasta el documento de Santo Domingo (1992) (N. 26-30) en que se entiende mejor este concepto de la Nueva Evangelización, significando con él la acción evangelizadora de la Iglesia ante los nuevos desafíos y nuevas interpelaciones que se hacen a los cristianos en el mundo de hoy. Se realiza desde el mismo y único Evangelio, que es Cristo mismo, desde el cual es posible y necesario sacar luces para los problemas nuevos. Santo Domingo nos invitó de manera especial a profundizar y complementar los grandes valores que la primera evangelización ha dejado y afrontar la grandiosa tarea de infundir energías al cristianismo. La frase que más ha resonado de esta acción es evangelizadora es que ha de ser: nueva en su ardor, nueva en su expresión y nueva en sus métodos.

Ahora bien, para realizar tal tarea es necesario una conversión, la que llamó Santo Domingo en el número 30 del documento: Conversión Pastoral: “La Nueva Evangelización exige la conversión pastoral de la Iglesia. Tal conversión debe ser coherente con el Concilio. Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y de autoridad; con estructuras y dinamismo que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia en cuanto signo eficaz y sacramento de salvación universal”.

Esta conversión pastoral se da sobre todo en las actitudes del evangelizador quien ha de inflamar su corazón con ardor misionero. La Evangelii Gaudium invertirá los términos, hablará de la Pastoral en Conversión, es decir del cambio de paradigma evangelizador que toca todos los medios, estructuras, instituciones y hasta el modelo pastoral de Iglesia. Nos invita a ser una Iglesia, comunidad evangelizadora en salida, que primerea, se involucra, acompaña, fructifica y celebra. Comunidad evangelizadora pobre para los pobres y de puertas abiertas. Una pastoral en conversión que ha de ser ante todo misionera y que coloca la Iglesia en un Estado Permanente de Misión como nos había señalado ya Aparecida.

Es preciso señalar que la Nueva Evangelización dejó de ser un mero deseo de la Iglesia, o un slogan católico desde el 21 de septiembre del 2010, cuando el Papa Benedicto XVI instituyó el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. De esta manera coloca la misma como tema permanente y prioritario de reflexión, análisis y propuesta de acción en la Iglesia. Fueron ellos los que organizaron el primer congreso internacional de la Evangelii Gaudium y lanzaron las propuestas de pastoral del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Los diáconos han sido definidos por Aparecida desde la perspectiva pastoral. Ellos son “Discípulos Misioneros de Jesús Servidor, llamados a ejercer con fruto su ministerio en los campos de la evangelización, de la vida de las comunidades, de la liturgia y de la acción social, especialmente con los más necesitados” (D.A.207). Llamados a dar “testimonio de Cristo servidor al lado de los enfermos, de los que sufren, de los migrantes y refugiados, de los excluidos y de las víctimas de la violencia y encarcelados. Invitados a ser “apóstoles en su familia, en los trabajos, en sus comunidades, y en las nuevas fronteras de la misión”. (208).

(Reverendo Diácono Ángel Armando Rosario Maisonet)

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