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En innumerables ocasiones hemos escuchado que “Dios es misericordioso” o que “debemos tener misericordia con los demás”. Incluso, la plegaria que reza “misericordia, Señor, hemos pecado” o hemos leído en las Escrituras: “Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Sin embargo, pocas veces se entiende lo que verdaderamente significa la misericordia de Dios, la que debemos practicar como cristianos y lo que eso implica. ¿Cómo se traduce eso? 

¿Qué es misericordia? 

Cuando el vaticanista Andrea Tornielli le preguntó al Papa Francisco “¿Qué es para usted la misericordia?” con motivo del libro El nombre de Dios es misericordia (2016), él respondió: “significa abrir el corazón al miserable. […] Es la actitud divina que abraza, es la entrega de Dios que acoge, que se presta a perdonar. Por eso se puede decir que la misericordia es el carné de identidad de nuestro Dios”. 

Por su parte, P. Samuel Pérez Martell, sacerdote religioso de la Sociedad Fraterna de Misericordia y vicario parroquial en la Parroquia Ntra. Sra. del Pilar de Río Piedras, expresó a El Visitante que la misericordia no es –o no debe ser– un sentimiento ni un “cumplimiento por salir del paso”. Sino que, es sentir compasión –dice el presbítero– y que eso nos lleve a la esperanza, nos mueva a hacer algo por el otro y atender el llamado al amor. 

Así mismo, expuso Francisco en un video-mensaje para el Encuentro Nacional de “Manos Abiertas” en Santa Fe, Argentina: “El corazón se junta con la miseria del otro y eso es misericordia. Cuando la miseria del otro entra en mi corazón siento misericordia, que no es lo mismo de tener lástima, la lástima es otro sentimiento”. 

¿Para quién está dirigida la Misericordia Divina?

La misericordia “está dirigida a todos los hombres de buena voluntad”, comentó P. Samuel. “No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (cf DeV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna”, (Catecismo núm. 1864). 

Dios nos convierte en nuevas criaturas y nos da la gracia por medio de su Misericordia Divina, expresó a este semanario el Padre Felipe Fernándes Gutiérrez, de la Orden de San Agustín y vicario cooperador en la Parroquia San Francisco de Asís del Municipio de Aguada. “Al lado de la Misericordia misma no falta nada”, añadió Pérez Martell. 

¿Qué más dice el Papa? 

En muchas ocasiones Francisco ha hablado sobre la misericordia como algo necesario para el cristiano. En una audiencia general en 2020 expresó que no existe cristianismo sin misericordia y que el mensaje misericordioso y de perdón es el que debe ofrecer, como Obispo de Roma.  

Benedicto XVI en una entrevista al sacerdote jesuita P. Jacques Servais, que fue publicada en 2016, indicó: “La misericordia es la única reacción verdadera y finalmente efectiva contra el poder del mal. Solo donde hay misericordia termina la crueldad; solo allí cesan el mal y la violencia”. 

Francisco añade: “La misericordia de Dios es nuestra liberación y nuestra felicidad. Vivimos de la misericordia y no podemos permitirnos estar sin ella: es el aire para respirar. Somos demasiado pobres para poner condiciones, necesitamos perdonar, porque necesitamos ser perdonados”. 

Por otro lado, Tornielli expresó con motivo del libro “El nombre de Dios es misericordia”, primero de Francisco como pontífice, que: “También el Papa es un hombre que necesita la misericordia de Dios”. Sin embargo, por sus mensajes y actos de bondad para con los necesitados, unos hasta se han atrevido a llamar al papa Francisco como “el Papa misericordioso”. 

¿Cuál es el mensaje final? 

Finalmente, Fernándes Gutiérrez comentó que el mensaje revelado por Jesús a Santa Faustina “no es uno nuevo”, sino sólo el recordatorio de lo que la Iglesia precisamente siempre ha promulgado: “Dios es misericordioso y perdona”.

 También nosotros debemos hacer lo mismo: ser misericordiosos y estar dispuestos a perdonar, hacerlo de corazón. Además, que no se limita solo a una devoción, “hay que traducirlo con obras” y no dejarlo en la teoría, sino llevarlo a la práctica. Por eso, el llamado del presbítero Pérez Martell fue a preguntarnos: ¿qué voy a hacer para llevarla a los necesitados? Es decir, buscar espacios y oportunidades para practicar la misericordia en el día a día y “dar un rostro de una Iglesia viva, amando”. 

Este mensaje toma un nuevo enfoque muy poderoso. Nos llama a un discernimiento más profundo de lo que es el amor de Dios, que no tiene límites y que está al alcance de todos, especialmente del pecador más grande. “Cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi Misericordia” es el mensaje de Jesús en su aparición a Santa Faustina Kowalska que expone en su Diario (núm. 723). 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com 

Twitter: jrodriguezev 

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