Sin duda alguna las “Misas de Aguinaldo” son parte de la tradición religioso-popular de Puerto Rico. Ya lo insinuó Bobby Capó en su salsa navideña: Yo quiero ir a mi pueblo / allá pa’ las navidades / oír Misa de Aguinaldo / salir después a la calle.

Las Misas de Aguinaldo consisten en nueve misas celebradas desde el 16 hasta el 24 de diciembre, inclusive, a modo de preparación para la solemnidad y el tiempo de Navidad.

Tienen su origen en la devoción hispánica de la expectación del Parto de la Virgen María. El Obispo Don Alonso Manso trajo esta devoción a nuestra Isla desde la catedral de Sevilla, a la cual nuestra Diócesis de Puerto Rico estuvo vinculada . En la actualidad, estas misas comienzan con la celebración de la Expectación del Parto de la Virgen María, que en el presente celebramos el 16 de diciembre. Estas celebraciones caen dentro de la segunda parte del Adviento (desde el 17 hasta la mañana del 24 de diciembre), la cual nos prepara para celebrar el nacimiento histórico de nuestro Salvador.

Para que podamos llamarlas “de aguinaldo”, hay que celebrarlas antes de que salga el sol.

Madrugamos para celebrar la santa Misa aguardando la venida del Cristo, representado por el sol astronómico, con nuestras lámparas encendidas, en vigilia, como las vírgenes prudentes del Evangelio (cf. Mt 25, 1-13). Estas misas se celebran de madrugada, a las cinco y media de la mañana, de manera que los últimos aguinaldos alusivos a la salida del sol material, símbolo del Sol Espiritual -Cristo Jesús- coincidan con la aurora, o sea, las 6:00 de la mañana . Con las Misas de Aguinaldo manifestamos nuestro deseo de que Cristo-Sol renazca en nosotros: Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto (Lc 1, 78). En la Misa aclamamos al Señor diciendo: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús: la Misa implica una actitud de espera vigilante a la venida del Señor, y las Misas de Aguinaldo destacan esta riqueza. Excelente preparación para recibir y celebrar al Señor en la Navidad.

Estas misas tienen como características los villancicos y aguinaldos que se entonan, con textos alusivos al próximo nacimiento de Jesús. Canciones como Hacia Belén se encamina o Camina, camina amante José, al son de instrumentos típicos aclimatan estas celebraciones con una tónica de espera alegre y jubilosa. Igualmente es tradición en Puerto Rico que los cantos del Ordinario de la Misa estén revestidos de música puertorriqueña.

Después de la Misa en muchos lugares se prepara desayuno para los asistentes sin dejar de cantar villancicos y aguinaldos. Algunos se llevan el panecito y el chocolate en la mano para ir a sus respectivos trabajos y tratar de evadir el inminente “tapón”.

Sería oportuno considerar algunos puntos importantes para mantener esta tradición en su esencia:

1. No podemos perder de vista el carácter de vigilia de estas misas. Hay lugares que las celebran después de las 6:00 a.m. o hasta después, sobre todo el o los días del novenario que caen domingo. Semejante práctica daña el sentido teológico de las Misas de Aguinaldo. Igualmente estas misas pierden su simbolismo al celebrarse a las 7:00 p.m.

2. Es clave el respetar los días correctos del novenario: desde el 16 hasta el 24 de diciembre. En muchos lugares estas misas comienzan a celebrarse el 15 de diciembre o antes, práctica que adultera el sentido de “novena” (9 días inmediatamente antes de una fiesta) y la misma tradición puertorriqueña.

3. Musicalmente, aunque predominen los ritmos típicos, hay que cuidar el repertorio, para que este sea litúrgico y propio del Adviento. Recordemos que las Misas de Aguinaldo no pertenecen al tiempo de Navidad. El carácter “de tierra adentro” de estas misas no nos excusa de violar las normas litúrgico-musicales. El texto del ordinario de la misa (sobre todo del Santo y el Cordero), debe respetarse (Cf. Liturgicæ instaurationes #3). Ni en estas misas ni en el templo hay lugar para las parrandas seculares.

Ojalá nuestra juventud sepa valorar esta hermosa tradición aún viva con la ayuda de todos nosotros, llamados a preservar estas tradiciones litúrgicas llenas de riqueza teológica y cultural. ■

P. Miguel A. Trinidad Fonseca
Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here