Siempre llegan tardes o sencillamente no llegan, porque toda orientación o explicación completa de los temas fundamentales tiene visos de demasiados teóricos o extremadamente difíciles de entender. Se olvida que los necesitados y vulnerables viven “regenteando” su menú de cada día, que no viven atados a clichés, ni a palabras escogidas en el diccionario. Su mente y su corazón tienen argumentos sacados de la realidad dolorosa. Sólo entienden lo experimentado en sus afanes de suplir algo para su familia.

Toda explicación de formas de vida a seguir choca con los que han tenido que lidiar con las espinas de las piñas y la caña, con la sed, con el hambre. Los que vivieron de los trabajos del campo o de la construcción, poseen todo un caudal de conocimientos vivos que responden primero que los avezados de las letras y la técnica. La espontaneidad habla primero que lo pensado con moldes especulativos o tal vez ideados en circunstancias de poder, o de dinero.

No todos están en disposición de “obedecer” inmediatamente, no porque no quieran, sino porque su salvavidas personal le ha permitido salir airosos en circunstancias de urgencia. El sentido de fe, de responsabilidad humana, de amar la vida, le ha dado una pauta a seguir. No viven de banalidades, ni de utópicas esperanzas, su ser vivo le abre rutas, dominio de la realidad.

A menudo se proyecta una manera de entender la vida común para todos. No es lo mismo el que lo ha tenido mucho, comida abundante, educación, viajes, que el que no ha salido de “Collores”. Hay una cierta garantía de dominar la tierra cuando se compenetra con ella y se vive dentro de la perseverancia creacional que es una fuerza para dominar el entorno y hacerlo productivo.

Es urgente mirar compasivamente a los pobres del país que han sentido la furia de los huracanes, tormentas y coronavirus y la pobreza es amplia porque toca el entorno físico, pero hace estruendos en lo sicológico y sentimental. No tienen lo básico, vivir en la desesperanza acarrea problemas íntimos que se traducen en aislamiento y desesperanza.

Cada vez más las distancias entre pobres y ricos echa sombras sobre la sociedad injusta. Se echa de menos una actitud con reverencia social, en que los marginados se unan en ánimo de superar sus deficiencias. El gobierno está llamando a legislar para todos y crear un ambiente de participación y distribución de los bienes que trae la convivencia social y la democracia. En tiempos de Coronavirus, la atención médica y el deseo de salvar la vida de todos, debe ser la encomienda mayor, un logro de la fraternidad.

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