Mariny Vázquez
Oficina de Comunicaciones
Diócesis de Caguas


 

Lo más importante es la persona. Esta frase la hemos escuchado en varias ocasiones en boca de muchos pero en el día a día no vemos su acción. La importancia y relevancia de estas palabras afectan, de un modo u otro, todo; desde el propio cuido personal hasta la vida familiar, desde la salud emocional hasta lo que hacemos. Esto en medio de una sociedad de producción, de capital, que tiene como único objetivo generar riquezas; una sociedad en la que la imagen es todo mientras se lucha por una posición social y en la que muchas veces se olvida aspectos de importancia; una sociedad en la que incluso se rigen los comportamientos, aunque muchos puedan pensar que esta realidad está cambiando.

Por otro lado, y en respuesta a eso, hoy vemos grupos con objetivos comunes en ciertas empresas y organizaciones. Se le otorga valor a la persona, a su satisfacción y estabilidad, incluso se propicia la inteligencia emocional como balance necesario entre trabajo, comunidad y familia, lo que es vital para alcanzar las metas propuestas. Iniciativas como estas generan calificativos como Wellness, Mindfulness, eficiencia, enfoque, desarrollo o propósitos, entre otros. En fin, hoy día, ciertos sectores, incluso del mercado le dan valor a aspectos y tópicos que desde siempre han sido hablados en la Iglesia.

Son diferentes las instancias y maneras en las que hemos fomentado estos temas. Ya sea a través de grupos de familia, movimientos de desarrollo espiritual y personal, o dinámicas, talleres y retiros, todos enfocados en fomentar que si somos mejores personas seremos mejores ciudadanos, mejores trabajadores, mejores familias. Es curioso ver cómo la sociedad habla de estos temas en ocasiones como si fueran nuevos, aún cuando la misma Palabra está llena de exhortaciones a crecer desde adentro, de modo que pueda florecer lo se hace y se logre afrontar con buen juicio lo que acontezca.

En nuestra diócesis es ejemplo de lo anterior proyectos pastorales como Casa Manresa o Casa Cristo Redentor, que buscan la salud interior del ser humano para encaminarle hacia una vida exitosa y responsable. Los beneficios son múltiples: mejorar la autoestima, sanar el niño interior, fomentar los diálogos matrimoniales, el manejo de la co-dependencia, o la sanación a través del perdón. En esa misma dirección podemos mencionar al Centro de Formación Diocesano, institución que busca hacer crecer nuestro conocimiento de la fe. Y es que la Iglesia por décadas ha promovido la responsabilidad comunitaria mediante una formación integral con el fin de aportar al desarrollo de nuestras familias, comunidades y países.

Así que todo esto nos invita a ver cómo nos adentramos en estos movimientos relevantes para la sociedad. De esta manera podemos propiciar valiosos espacios de meditación y oración que son útiles herramientas para cada hombre y mujer. A la misma vez se promueve entre ellos un liderazgo eficiente, ágil, que otorgue balance entre lo que se dice y se hace. Hoy, ante lo que se nombra como crisis mundial se regresa a lo esencial, a lo más importante: esa vida en la Iglesia en la que el cristiano no solo es eficiente sino que trasciende.

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