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Letras del alma…

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En la vida todo es construir y reconstruir.  Repasemos, verbi gratia, la historia de los edificios monumentales, particularmente en China.  Guerras, fuegos, terremotos, tormentas, vandalismo, abandono y otros fenómenos repercuten en la existencia y conservación de las obras arquitectónicas.  Generación tras generación, urge restaurar o recomenzar sobre los escombros, tras los derrumbes periódicos.  Y hasta los que se dedican a levantar imponentes torres babélicas, acaban en la ruina física.  ¿Quién osa atar su destino a proyectos meramente temporales, frágiles, perecederos?  Algunos países les sacan partido a las reliquias arqueológicas empleándolas como cebo turístico, adornos paisajísticos y focos de investigación.  La Ciudad Eterna obtiene pingües beneficios de sus piedras antiguas.  ¿Y qué decir del gran templo jerosolimitano?  Profecía cumplida, plano escrito, conflictos fratricidas, metáfora esperanzada…  Son formas de reconstrucción y deconstrucción.

 

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En ocasiones, dos opciones buenas podrían desencadenar una crisis de conciencia.  Cierta persona, por ejemplo, se refugia, durante las horas laborables, en la repetición de prácticas piadosas.  Abandona sus deberes de estado y la caritativa atención a sus semejantes.  Alguien le advertirá oportunamente: Primero son las obligaciones y después las devociones.  O le recordará el refrán popular: A Dios rogando, y con el mazo dando.  Por otro lado, quizás suceda lo contrario.  Es decir, cuando un ser humano se sumerge en la acción externa y descuida los asuntos más profundos. “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”.    Sin embargo, es necesario “comprender que no se trata de la contraposición entre dos actitudes: la escucha de la Palabra del Señor, la contemplación, y el servicio concreto al prójimo.”  Ambos aspectos resultan esenciales e inseparables y han de vivirse en profunda unidad y armonía.   Marta recibe la reprensión, “porque consideró esencial sólo lo que estaba haciendo, es decir, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que ‘hacer’.  En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar —como María— a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo”.   (S.S. Francisco, 21.VII.2013).

 

Aníbal Colón Rosado

Para El Visitante

 

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