Getting your Trinity Audio player ready...

En el libro del Éxodo, contemplamos un momento de adoración, en el cual Moisés utiliza sangre de vacas para reafirmar la alianza con Yahveh.

El Misterioso Autor de la Carta a los Hebreos contrasta la sangre del sacrificio de los animales que realizan los judíos, con la sangre de Jesucristo, derramada en la Cruz.

San Marcos nos presenta su versión de la Última Cena, más parca que la los otros dos Evangelios Sinópticos, pero no menos expresiva.

“Lávame con tu sangre”, “Salvados en la Sangre de Jesucristo”, “Ungidos en su Sangre, etc., son expresiones que nosotros todos hemos escuchado, lamentablemente la escuchamos mucho en las iglesias protestantes y poco en nuestra Querida Iglesia.  Sin embargo, este vocabulario es tan católico como el Papa, como la Virgen Santísima, etc., no solamente porque esto es lo que ha hecho la Sangre de Cristo derramada en la Cruz por nosotros, sino también porque el misterio de la sangre de Cristo es parte de la celebración de hoy, Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.  Las lecturas del Corpus Christi de este año, ciclo B, hacen énfasis en el misterio de la sangre de Jesucristo.

¿Por qué en la religión judía se prohibía consumir sangre? Esta prohibición parte de la creencia que en la sangre estaba la vida de un ser. Es por eso que, en la religión judía, cada que se hace un ofrecimiento a Yahveh, se matan animales puros en un altar, degollándolos para que la sangre pudiera ser recogida y ofrecida a Yahveh. Al ofrecer la sangre, se estaba ofreciendo la vida del animal a Dios. Las reses, las cabras, las ovejas, etc., se ofrecen a Dios. De manera especial se destaca la sangre de los corderos en reminiscencia de la sangre de los corderos que se utilizaron para pintar las jambas de las puertas y así salvar los primogénitos de los judíos ante el paso del Ángel exterminador. Por eso Jesucristo es el Cordero de Dios, porque con su sangre que pinta la Cruz, nos salva de los verdaderos exterminadores de la humanidad: el diablo y la muerte.

En la primera Lectura, se nos presenta a Moisés recogiendo la sangre de las reses que se sacrifican para establecer una alianza con Dios. ¡Cuán importante es, por tanto, la sangre de los animales para ofrecérsela a Dios y así conectarnos con Él. El autor de la Carta a los Hebreos, sabiendo este detalle, hace entonces el contraste entre la sangre de los animales y la sangre de Jesús. Si la sangre de los animales sirve para aplacar a Dios, para establecer una alianza con Él, para sacralizar las cosas, ¿cuánto más puede hacer la sangre de Jesús por nosotros? La Sangre de Cristo nos borra nuestros pecados, nos santifica, tiene el poder de llegar al alma, no tiene límites en su poder.

Teniendo esto en mente, podemos entender mejor el Evangelio de hoy. San Marcos, más que los otros dos evangelistas sinópticos, enfatiza a los Apóstoles bebiendo ese vino que no es otra cosa que la “Sangre de Cristo que va a ser derramada por todos”, o sea, para redimir a la humanidad entera. Por eso es que podemos cantar “Lávame con tu sangre”.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante