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El profeta Sofonías, en la primera lectura, exhorta a los humildes a que busquen al Señor porque el humilde tiene acceso directo a Dios.

En su exhortación a los corintios, San Pablo les indica que, en la asamblea, todos son iguales y que por lo tanto, ninguno debe de ponerse por encima del otro.

En el Evangelio de San Mateo encontramos el Sermón de la Montaña, el programa de vida de Jesucristo para el cristiano. Y comienza con las bienaventuranzas.

¿Quién es el humilde? El que se reconoce tal cual es, se acepta y se ama tal cual es, y por lo tanto, no tiene que exhibirse ni esconderse a los demás. Por un lado, no tiene la necesidad de querer estar por encima ni pisotear a nadie porque, de la misma manera que se reconoce a sí mismo con sus virtudes y defectos, reconoce a los demás como hermanos y sabe que los demás también tienen virtudes y defectos. NO anda escondido ni se infravalora ante los demás, puesto que se sabe amado y querido por Dios, reconoce las cosas bellas que le vienen de Dios y las celebra.  

Es bueno entender esto si queremos saber qué significa en verdad ser humilde, puesto que a veces pensamos que ser humilde es estarse cogiendo pena todo el tiempo, sentirse inútil ante los demás, desvalorizarse y tener la autoestima baja. El reconoce que todo lo bueno le viene de Dios y lo celebra. Por eso es que Sofonías nos dice en la primera lectura que el humilde tiene acceso directo a Dios, porque está en una total dependencia y sintonía con Dios. Esto lo vemos en los mismos Jesús y María.

Para construir una comunidad de fe es importante que seamos humildes. Esto es lo que nos dice San Pablo en su 1ra Carta a los Corintios. Al enfrentar los problemas de división dentro de la comunidad, San Pablo advierte que los soberbios dividen la comunidad. El soberbio busca que lo sigan a él, no busca que sigan a Dios. Por eso forma los “grupitos” dentro de la comunidad para que lo sigan a él y no a Dios. Cuando hay más de un grupito lidereado por un soberbio, estos grupitos se la pasan compitiendo, y dividen la comunidad de fe.  Los humildes construyen puentes, buscan que la gente no los siga a ellos, sino que sigan a Dios.

Después de Cristo crear fama, de lograr que gente lo sigan y convertirse en la novedad del momento, lanza su programa de vida para sus seguidores, o sea, para los cristianos. Este programa de vida lo conocemos como el Sermón de la Montaña porque, como dice San Mateo, Jesucristo proclama este sermón desde lo alto de la montaña. Y lo comienza con las Bienaventuranzas. En ellas, Jesucristo describe que los bienaventurados son los que ponen sus vidas en total dependencia de Dios. Dicho de otra forma, el bienaventurado es el que es verdaderamente humilde, porque ha encontrado en Dios todo aquello que los haga ser feliz. El bienaventurado es el que pone su vida en total comunión y dependencia de la le Dios. Al hacerlo, pueden abrir su corazón a la acción del Espíritu Santo y por tanto, pueden hacer maravillas, puesto que Dios actúa en ellos.

Padre Rafael Méndez Hernández (Padre Felo)

Para El Visitante

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