El Carmelo colmó y aún sobrepasa todas las expectativas de Sor Greiza María, monja carmelita puertorriqueña, de 25 años, que recientemente renovó sus votos simples en el monasterio de Trujillo Alto, donde lleva ya seis años.
“Todas mis ansias de estar con el Amado en soledad y silencio fueron saciadas aquí, en el Carmelo, la Orden de María. Así fue como descubrí que Dios me llamaba a ser su esposa en una vida contemplativa”, describió Sor Greiza María del Inmaculado Corazón y de la Trinidad, su nombre de religiosa.
La vocación de Sor Greiza fue para su familia y amistades, ocasión para acercarse más a Dios y -describió la religiosa- “poner la mirada y el corazón en lo divino, en lo eterno, en el Cielo”. Explicó que antes de entrar al monasterio recibió el apoyo de su familia, aunque sí hubo dudas, miedos e inquietudes, sin embargo, resaltó que Dios les concedió la gracia de comprender y aceptar ese gran llamado.
La joven, natural de Orocovis, mencionó que previo a entrar a las Monjas Carmelitas, no hubo “cosas” del mundo que le costaron dejar, pues el amor de Dios la hizo perder ese gusto por las cosas de la Tierra, sin embargo, lo más que le costó dejar atrás fue a su familia, especialmente a su hermana. “Pero Dios da la gracia de responder a su llamada, aunque muchas veces cueste. Además, Él no se deja ganar en generosidad y esos lazos tan fuertes de la familia Él los purifica y los transforma. Siento que ahora amo a mi familia aún más que antes”, manifestó.
El carisma
Sobre el carisma de la Orden Carmelita, la monja lo resumió en la siguiente frase, que es el lema que profesan: “Vivir en obsequio de Jesucristo”. Sor Greiza explicó que es una orden que nace de un grupo de ermitaños en Tierra Santa en el Monte Carmelo, cuya esencia es la contemplación, que viven por medio de la oración continua, la fraternidad y el servicio, siguiendo los modelos de San Elías profeta (figura inspiradora de la orden) y de la Virgen María, Madre, Hermana y Patrona, a quien está dedicada la orden.
“Las monjas vivimos el carisma de manera particular desde la clausura. Poco a poco, con la ayuda de Dios y de mi comunidad, he ido desarrollando dones y carismas que yo misma desconocía que tenía y que he podido poner al servicio de mi comunidad y de mi orden”, destacó la religiosa.
Dentro del monasterio, Sor Greiza colabora en la animación de la liturgia tocando el órgano. También realiza otros pequeños servicios en el monasterio con las “hermanitas mayores” y las labores que día a día se le encomiendan.
La religiosa confesó que de todos los servicios que le ha tocado realizar en la comunidad hay dos en los que ha tenido que esmerarse más: el primero es tocar el órgano. “Lo hago con amor y verdadero gusto (de hecho, gracias a este pequeño servicio he aprendido a amar y valorar la liturgia), sin embargo, no siempre ha sido fácil tanto por mi inexperiencia, por el esfuerzo mental que conlleva, por la disciplina que hay que llevar de ensayos y práctica, el estudio de la liturgia, y también por los nerviosismos y temores que a veces surgen”, indicó a El Visitante.
El otro servicio al que ha tenido que ponerle mucho empeño es cuidar a las enfermas. “Nunca cuidé a nadie estando en mi casa, así que esto ha supuesto para mí un verdadero reto. Pero le agradezco a Dios que me haya permitido realizar este servicio porque me ha ayudado a crecer y a comprender en qué consiste la verdadera caridad”, aseguró la joven, cuya mayor inspiración es la Virgen María, la joven venerable Teresita González Quevedo y Santa Isabel de la Trinidad.
Un día en el Carmelo, describió, nunca es igual, aunque así lo parezca. “Nuestra vida transcurre con la misma sencillez y amor del hogar de Nazaret: vida de intensa oración tanto personal como comunitaria (liturgia de las horas, rezo del Santo Rosario), trabajos varios en la casa, comidas en común, alegre compartir entre nosotras en las recreaciones, descanso, tiempos de distensión”, describió. “Pero el centro del día y de toda nuestra vida es la Santa Misa”.
No tengan miedo
A los jóvenes que estén sintiendo en su corazón el llamado de Jesús, Sor Greiza les dice que “no tengan miedo” de responder. “Es normal asustarse en un principio. Es lo que les sucede a varios santos de la Sagrada Escritura a quienes Dios llama para una gran misión. Por ejemplo: Moisés, Josué, Gedeón, Jeremías, los apóstoles y la Virgen Santísima. Y la respuesta de Dios siempre es la misma: “No temas. Yo estoy contigo”.
Marielisa Ortiz Berríos
Para El Visitante



