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El profeta Daniel nos presenta una interesante visión, considerando que estamos tratando con el Antiguo Testamento: un anciano comisiona a un joven para ser el regidor del Universo.

San Pedro, en su segunda Carta, nos comparte las implicaciones de la Transfiguración del Señor, de la cual fue testigo.

La Transfiguración, versión San Mateo, es la más sencilla de las tres versiones, se limita a contar el evento.

Me acuerdo el domingo 6 de agosto de 1978 cuando, en la radio, escuché la muerte del papa San Pablo VI.  Desde ese momento, tenía 12 años, la fiesta de la Transfiguración quedó grabada en mi corazón y aprendí que las personas santas son llevadas al cielo por Dios en días especiales.  Eso mismo lo corroboré con la muerte de San Juan Pablo II, en las 1ras Vísperas de la celebración que él instituyó, el Domingo de la Divina Misericordia.

La Transfiguración es un evento que, a pesar de que fue bien secreto y privado, aparece en los tres evangelios sinópticos. Lo celebramos dos veces al año: el segundo domingo de Cuaresma y el 6 de agosto.  Cuando cae en domingo, lo celebramos por ser una fiesta del Señor.  Pero, ¿qué es la Transfiguración?  San Pedro nos lo dice en la segunda lectura de hoy: un instante en el cual Jesucristo aparece en toda su gloria, la misma a la que había renunciado cuando se hizo uno de nosotros en el seno de María, y que recibe camino a Jerusalén para realizar su Pasión.  Este pasaje de la segunda lectura es interesante, puesto que es la única vez en la que escuchamos a San Pedro hablarnos de ese momento tan íntimo que vivió junto a Santiago y a Juan.

Llama la atención la primera lectura de hoy.  Daniel nos habla del “hijo del hombre” que recibe del gran anciano el poder de toda la creación.  Si este hijo del hombre recibe todo el poder de un anciano, entonces este anciano es Dios Padre que le otorga a su Hijo todo el poderío.  Esta es una de las razones por las cuales la forma favorita de Jesucristo referirse a sí mismo es, precisamente, Hijo del Hombre.  Nos explica San Pedro que Jesucristo, al recibir a Elías, la figura cumbre del profetismo de Israel, lo que hace es decirnos que Él viene a cumplir con todas las profecías del Antiguo Testamento.  

Es bien llamativa la visión de Daniel: tal pareciera que es una visión del Apocalipsis, sin embargo, es una visión del Antiguo Testamento.  Los profetas, aunque anunciaron al Mesías, no llegaron a decir que era Hijo de Dios, que tenía que venir del cielo.  Es por eso que esta profecía de Daniel es tan significa porque describe la misión de Jesucristo, algo que el mismo profeta desconocía, puesto que el misterio de la Trinidad no se le había revelado ni a él ni a nadie del Antiguo Testamento.  

La Transfiguración ocurre en un momento específico: camino a Jerusalén.  El otro mensaje que Jesucristo nos quiere decir es, que para nosotros poder entrar a la gloria que Él mismo había renunciado, tenemos que pasar por la Cruz.  No hay gloria sin la Cruz.  Jesucristo no adquirió su gloria de manera definitiva hasta que no murió en la Cruz.  La gloria de Jesús es la misma que nos promete a nosotros todos pero, para adquirirla, ya sabemos lo que tenemos que hacer…

P. Rafael “Felo” Méndez Hernández

Para El Visitante

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