En un caso raro de la Biblia, el Libro del Éxodo nos presenta a Dios arrepintiéndose de su deseo de castigar a Israel por su idolatría, gracias a la mediación de Moisés.
San Pablo le comparte a Timoteo en su primera Carta, que Dios tuvo misericordia de él a pesar de ser un perseguidor de la causa del Evangelio.
San Lucas nos presenta la parábola más querida por nosotros, el hijo pródigo, dentro del contexto de las parábolas de la misericordia exclusivas del evangelio lucano.
Dios es amor, algo que San Juan Evangelista enfatiza en su primera carta, algo que se pone de manifiesto en las tres lecturas de hoy y es el amor de Dios, manifestado en su misericordia y en su gran capacidad de perdón porque somos sus hijos y Él nos ama. Frente al gran deseo de muchos de que Dios castigue y mande la gente al infierno, su Palabra nos dice que Él está más dispuesto a salvar que condenar.
¿Dios se equivoca? Por supuesto que no, pero en el libro del Éxodo se nos presenta a Dios furioso porque el pueblo de Israel se había olvidado de Él y se había puesto adorar a un toro de oro como su dios que lo sacó de Egipto. Ante su furia, Moisés intercede de tal forma que Dios se arrepiente del castigo que le iba a dar. Lo importante no es que Dios se arrepienta, sino que Dios prefiere perdonar a castigar.
San Pablo da un testimonio del perdón de Dios a Timoteo al indicarle que Jesucristo lo perdonó por haberlo perseguido. Y no sólo le perdona, sino que también le confía un ministerio importante como forma de decirle que lo ama y que confía en él. Esto es una forma de amor y ternura que Dios ejerce para cono nosotros. Esta forma de perdón es una tendencia de Jesús: vemos el caso de San Pedro, que Jesucristo no solamente le perdona por haberlo negado tres veces, sino que lo confirma en su ministerio petrino.
Pero, no solamente Jesucristo perdona sino, también el Padre Celestial perdona y este es el gran mensaje que Jesucristo nos quiere dar con la parábola del Hijo Pródigo. El padre de la parábola es una metáfora del Padre Celestial y los dos hijos nos representan a nosotros: el hijo mayor representa a los que no venimos a misa o nos alejamos de Dios, y el hijo menor representa a los que se han alejado de Dios y de la Iglesia. El mensaje fundamental es que Dios ama a todos sus hijos, que espera por los que se han alejado de él que espera de nosotros los que siempre estamos al lado de Dios, que recibamos con cariño a los que se han alejado.
Este es el segundo mensaje de Jesucristo para nosotros: que se Dios es un dios de ternura y misericordia, que nosotros seamos hombres y mujeres de amor y misericordia a la hechura de Dios. Le Iglesia es presencia viva de Jesús en el mundo y por tanto, tenemos que hacer las cosas de la manera que Jesús las hace. Jesús ama, santifica, perdona, consuela, guía, sana y salva, así que todo eso lo tenemos que hacer nosotros. En nuestra vida de oración hemos de pedirle al Espíritu Santo que haga, por tanto, que nuestros corazones sean como el corazón de Dios.



