Con alegría, fervor y un profundo sentido de pertenencia, la Diócesis de Caguas dio inicio a la III Sesión de su Asamblea General del Sínodo Diocesano, un evento histórico que se celebro del 22 al 25 de mayo de 2025 en la Casa Manresa de Aibonito. Bajo el lema del Jubileo de la Esperanza, y en sintonía con el llamado del Papa Leon XIV a una Iglesia sinodal, el pueblo de Dios que peregrina en el corazón de Borinquen se reúne para discernir, reflexionar y renovar su compromiso con la misión evangelizadora.
Desde las 4:00 p.m. del jueves 22 de mayo, comenzaron a llegar los 116 sinodales convocados: el obispo, presbíteros, diáconos, religiosas, religiosos y líderes laicos, todos ellos representando la riqueza y diversidad de los rostros de la Iglesia criolla. La efervescencia del Espíritu era palpable desde el primer momento, mientras los participantes se preparaban para días intensos de escucha, oración y planificación pastoral.
Una Iglesia que camina junta
Esta III Sesión se inscribe en un camino ya recorrido, pero que adquiere nuevos bríos en medio de los desafíos de la sociedad puertorriqueña. “Reflexionar y actualizar la acción pastoral para un mayor compromiso y un testimonio evangelizador misionero que dé respuestas transformadoras a los desafíos del presente y del futuro de la Iglesia y la sociedad” es el objetivo que guiará los trabajos, según expresó el P. Antonio Alicea Rivera, Vicario Judicial de la Diócesis de Caguas.
Se trata de una asamblea sinodal en toda la extensión del término: un espacio para discernir juntos, escuchar al Espíritu Santo y acoger las luces que brotan del encuentro entre hermanos y hermanas que, desde distintas vocaciones, quieren responder al llamado de anunciar el Evangelio con identidad criolla, profética y ministerial.
La unidad como cimiento
Durante la Eucaristía inaugural, celebrada a las 8:30 p.m. en la capilla de Casa Manresa, el Obispo de Caguas, Mons. Eusebio Ramos Morales, destacó la importancia de caminar juntos en unidad y esperanza. Emocionado, hizo un llamado a invocar al Espíritu Santo y a confiarse a la intercesión de María, Madre de la Iglesia y patrona de la diócesis: “Invoquemos el Espíritu Santo y pongámonos en el regazo de nuestra Madre María para tener una asamblea verdaderamente sinodal”, exclamó ante los sinodales con corazón atento.
“El Sínodo es una nueva hora para nuestra Iglesia. Es hora de redescubrir la fuerza de nuestra identidad criolla y de anunciar el Evangelio con esperanza viva”, afirmó Mons. Ramos, reconociendo que este proceso es también un acto de fe en la presencia activa de Dios en medio de su pueblo.
Profesión de fe sinodal
Uno de los momentos más significativos de la noche fue la profesión de fe de los sinodales. Cada uno, incluyendo al propio Obispo, firmó un documento como signo visible del compromiso que asumen en este camino sinodal. La firma no fue un mero acto protocolar, sino un gesto profundamente espiritual que expresó la disponibilidad de cada sinodal a dejarse guiar por el Espíritu Santo en comunión con sus hermanos.
Un llamado a la entrega total
El P. Juan Luis Negrón, Vicario General de la diócesis, no dudó en elevar el estándar del compromiso desde el primer día. Con firmeza y ternura, exhortó a los presentes a “dar la milla extra” durante los trabajos de la sesión. No se trata solo de asistir o cumplir con una agenda, sino de involucrarse con el corazón y dejar que el Espíritu Santo moldee, purifique y renueve el rostro de la Iglesia criolla.
“El Pueblo de Dios espera de nosotros un testimonio claro y acciones concretas. Este Sínodo no puede ser una simple reunión; debe ser un punto de inflexión”, señaló el Vicario General.
Identidad criolla y misión
La III Sesión del Sínodo se convierte en un espacio privilegiado donde la identidad criolla de la diócesis se asume con orgullo y responsabilidad. No es solo un adjetivo cultural, sino una dimensión pastoral que impregna la forma de evangelizar, acompañar, servir y celebrar la fe.
La Diócesis de Caguas se reconoce como una Iglesia misionera, profética y ministerial. Una Iglesia que quiere responder con creatividad y audacia a los retos actuales: la pobreza, el desánimo social, la migración, la secularización, el cansancio institucional. Frente a estos desafíos, el Sínodo se propone ser un espacio de esperanza, renovación y acción concreta.
Hacia un futuro transformador
Los próximos días estarán marcados por sesiones de diálogo, reflexión comunitaria, trabajo por grupos y oración. Los sinodales no solo compartirán sus ideas, sino que buscarán juntos caminos nuevos para una pastoral más cercana, participativa y misionera.
Como ha reiterado Monseñor Eusebio, el Sínodo no culmina con esta sesión, sino que continúa en la vida cotidiana de cada comunidad. “Hay un pueblo unido, con sed de Dios y dispuesto a seguir caminando”, aseguró en su mensaje de apertura.
Desde Casa Manresa, en las alturas de Aibonito, esta III Sesión se levanta como un faro que alumbra el presente y apunta al futuro. Un futuro donde la Iglesia criolla, con la fuerza del Espíritu y de la mano de María, se mantenga firme en su misión de anunciar el Evangelio con alegría y esperanza.


