Hoy la liturgia nos invita a mirar hacia Roma, hacia la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral del Papa, el templo madre de todas las iglesias del mundo. Su dedicación no es solo un recuerdo histórico, sino un signo vivo de comunión: donde está el Papa, allí está la Iglesia que preside en la caridad.
Celebrar esta fiesta es renovar nuestra conciencia de pertenecer a una Iglesia universal, edificada sobre Cristo y guiada por el Sucesor de Pedro. San Juan de Letrán fue la primera basílica construida tras la libertad de los cristianos en tiempos de Constantino. En ella se sentó por primera vez el obispo de Roma, el Papa, como pastor universal y signo de unidad. Por eso se le llama “omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput”, la madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo. Celebrar esta fiesta es reconocer que toda iglesia local, como nuestra Catedral de Ponce, encuentra su fuente y comunión en esa Iglesia madre. Desde Letrán, símbolo de la catolicidad, se extiende una corriente de fe, esperanza y caridad que llega hasta nuestras diócesis, nuestras parroquias, nuestros altares.
El templo material es signo del templo espiritual, que es el Pueblo de Dios reunido. Cada piedra de nuestras iglesias representa a una persona viva que forma parte del cuerpo de Cristo.
Cuando cuidamos la casa de Dios, cuando participamos en la Eucaristía, cuando construimos la unidad y la reconciliación, estamos edificando la Iglesia viva del Señor.
Hoy, en el Jubileo de la Esperanza, recordamos que la Iglesia madre nos engendra para la misión, nos sostiene en la fe y nos envía a ser “misioneros de esperanza entre los pueblos”.
Pidamos al Señor que, al celebrar esta fiesta, purifique el templo de nuestra alma y renueve el ardor de nuestra fe. Que cada comunidad cristiana sea una casa abierta, luminosa y misericordiosa, donde los hombres y mujeres de nuestro tiempo puedan encontrar al Dios vivo.
Y que, unidos al Papa León y a toda la Iglesia, permanezcamos firmes en la comunión y en la esperanza, siendo piedras vivas de la Iglesia que Cristo sigue edificando hasta el fin de los tiempos.



