La Doctrina Social de la Iglesia se ubica en el campo de la teología moral. Se relaciona con la evaluación del comportamiento humano y el juicio sobre lo que es bueno o malo, a la luz de las enseñanzas de Jesús. En Mateo 5, 17-37, el evangelista nos relata como Jesús redefine los mandamientos de la Ley mosaica para hacerlos plenos: “No piensen que vine a abolir la Ley y los profetas; no he venido a abolir, sino a darles plenitud”. Esa plenitud consiste en no contentarse con cumplir la letra de la Ley, sino en ir más allá y hacer justicia, vivir la paz y descubrir al amor, como aquel vínculo que une al hombre con Dios y a los hombres entre ellos. Jesús nos llama a ser, con Él, constructores de su Reino. En eso consiste la plenitud: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás les será dado en añadidura”, (Mateo 6, 33). Ser integro es alcanzar esa plenitud del ser. En el terreno moral, equivale a alcanzar la perfección de nuestros actos.

La integridad moral del cristiano consiste en: “Ser perfectos, como vuestro Padre que está en los Cielos es perfecto”, (Mateo 5,48). En su Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate, el Papa Francisco nos describe varios aspectos importantes de ese camino hacia la perfección, que no es otra cosa que la santidad. Primero que nada, nos señala la importancia de encontrarnos con el otro: “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio”(GE 26). Ese encuentro tiene que ir más allá, porque: “Lo que mide la perfección cristiana es la caridad” (GE 36). Una caridad, que no se envanece, sino que en humildad reconoce que no son nuestras obras, o siquiera nuestras oraciones, lo que nos permite alcanzar la plenitud de nuestro ser. No somos nada sin Dios: “Necesitamos consentir jubilosamente, que nuestra realidad sea dádiva, y aceptar nuestra libertad como gracia. Esto es lo difícil hoy en un mundo que cree tener algo por sí mismo, fruto de su propia originalidad o de su libertad” (Lucio Gera, cit en GE 55).

Ser discípulos de Cristo, requiere que todos los aspectos de nuestra vida se iluminen por la luz del Evangelio. En todos los aspectos de la vida podemos seguir creciendo y entregarle algo más a Dios (GE 175). La Doctrina social de la Iglesia ilumina el aspecto social de la vida entre los hombres, ofreciéndonos criterios de discernimiento. Leemos en el Compendio de Doctrina social: “La salvación que nos ha ganado el Señor Jesús, y por la que ha pagado un alto precio, se realiza en la vida nueva que los justos alcanzarán después de la muerte, pero atañe también a este mundo, en los ámbitos de la economía y del trabajo, de la técnica y de la comunicación, de la sociedad y de la política, de la comunidad internacional y de las relaciones entre las culturas y los pueblos: Jesús vino a traer la salvación integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abriéndoles a los admirables horizontes de la filiación divina”(CDS 1).

La integridad moral de cada uno de nosotros es el fundamento para lograr un humanismo integral y solidario. El cristiano está llamado a actuar para romper las estructuras que niegan la dignidad del ser humano y que impiden su plena realización. Está llamado a evangelizar dando testimonio de vida, en todo lugar y en todo momento. Nuestra fe tiene que ser una fe viva, transformadora, que tiene ojos para ver, oídos para escuchar, inteligencia para discernir, manos y pies para provocar el cambio, usando como criterio y guía el Evangelio. ■

(Puede enviar sus comentarios a nuestro correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).

Nélida Hernández
Consejo de Acción Social Arquidiocesano
Para El Visitante

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