Este año la Iglesia a nivel internacional vivirá una Semana Santa diferente porque no se podrán realizar celebraciones con la participación de los fieles. Esto como parte del distanciamiento social al que están sometidos la mayoría de los países del mundo para evitar el contagio con el Coronavirus (COVID -19).

No obstante, aunque no puedan participar físicamente de las actividades propia de estos días, es importante saber el porqué de cada una de las celebraciones, así como los símbolos y signos propios durante el Triduo Pascual.

Se le llama Triduo Pascual a los tres días en los que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En el pasado se consideraba que el triduo pascual consistía en tres días, de preparación para la Pascua. Sin embargo, las normas litúrgicas le dieron un enfoque diferente, porque es en esos días se abarca la totalidad del misterio pascual.

El triduo comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor, alcanza su cima en la vigilia pascual y termina con las vísperas del Domingo de Pascua. Es importante conocer que la Cuaresma termina el Jueves Santo en la tarde, antes de la misa de la Cena del Señor.

Padre Rodney Algarín Rosado, párroco de la parroquia San Felipe Apóstol de Villa Carolina explicó que en la misa del Jueves Santo se celebra la institución del sacerdocio y de la Eucaristía al recordar lo que hizo Jesús en la Última Cena con sus discípulos. “Al manifestar la celebración de la Eucaristía, por tradición se celebra ese día como el que se instituyó también el sacerdocio que está muy unido a lo que es la Eucaristía y por eso tradicionalmente se celebra el mismo día”, dijo.

El también Vicario de zona de Carolina, precisó que el sacerdote tiene que recordar que es siervo. En otras palabras, servidor. Destacó que “el Papa Francisco ha estado enfatizando el llamado sacerdotal del servicio. Es un recordatorio y también es un llamado para que los sacerdotes vayamos a la raíz de nuestra misión que es el servicio. El Papa Francisco no está haciendo nada nuevo, sino que nos está recordando la esencia de la vida sacerdotal”. P. Rodney enfatizó que la Vigilia que se realiza el Jueves Santo luego de que culmina la misa sirve para acompañar a Jesús en los últimos momentos de su vida antes de ser crucificado.

De otro lado, relacionado al Sábado Santo, durante el día la Iglesia continua en silencio por la muerte de Jesús. No es permitido celebrar la Eucaristía y la comunión solo se da como viático. No se puede administrar ningún sacramento a excepción de la Unción de los enfermos y la Confesión. Se pide que se silencien las campanas y la cruz debe permanecer cubierta con un paño morado. El altar no tendrá mantel y el sagrario seguirá abierto y vacío como quedó el día anterior. Las luces del templo deben permanecer apagadas. Las campanas tampoco deben sonar.

Ese día no hay propiamente un culto litúrgico oficial, es un día de meditación y silencio. Por lo menos, durante la mañana del sábado se debe mantener un ambiente en silencio y libre de ruidos ante la muerte de Jesús, por lo tanto, todo debe ser sobrio.

Mientras, el Sábado Santo en la noche cuando se está a punto de celebrar la Vigilia Pascual todo cambia. P. Rodney reiteró que es el culmen de toda la celebración. “Ese día la Iglesia la llama la madre de todas las fiestas. A su vez, recordó que ese día la celebración comienza fuera del templo, en oscuridad y silencio. “Esa noche va a ser signo de luz y de fiesta. El pueblo sumergido en la muerte, el pecado y las tinieblas”, expresó. Manifestó que una vez se hace la bendición del fuego, se enciende el cirio pascual, esa luz que es Cristo y quien es el único que puede liberar de las tinieblas.

El sacerdote dijo que ya en el interior de la iglesia, se procede con la liturgia de la Palabra que narra la historia de la salvación. Los canticos del Gloria y el Aleluya van señalando y abriendo las puertas del momento de la Resurrección y por medio de la Palabra se nos va narrando la historia de la salvación que encuentra su cumplimiento en el triunfo de Cristo.

Luego del pregón pascual y el repique de las campanas todo es alegría y regocijo porque Cristo venció la muerte y resucito. ■

Camille Rodríguez Báez
Twitter: @CamilleRodz_EV
c.rodriguez@elvisitantepr.com

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