El 7 de enero, el reloj del campanario de la parroquia Inmaculada Concepción de Guayanilla marcó las 4:24 de la madrugada, hora en que cambió la vida del municipio en el litoral costero al sur de Puerto Rico. A esa hora, el templo construido en 1841, al igual que casas y estructuras en el pueblo quedaron reducidos a una pila de escombros y un esqueleto con algunas partes en estado peligrosamente ruinoso.

El lugar de congregación, casa de todos y símbolo de fe para los guayanillenses se desplomó, aunque la Iglesia de piedras vivas sigue de pie.

Dentro de tanta destrucción en la capilla izquierda, sobre un pequeño altar destruido hacia al frente, estaba el mayor tesoro en peligro, casi suspendido en el aire: el Santísimo. Aquella madrugada parecía eterna. Luego de la sacudida, velar por la seguridad propia y familiar, al disiparse la nube de polvo que reveló la iglesia destruida -que se publicó rápidamente en las redes sociales- el sentido de urgencia despertó en varias personas. P. Melvin Díaz Aponte, párroco de Guayanilla, salió del hogar familiar, P. Orlando Rivera Soto, vicario episcopal de la zona y varios fieles salieron directamente al templo con el fin de salvaguardar a Jesús Sacramentado.

Al filo del amanecer se encontraron los dos sacerdotes y Ariel Pascual Rodríguez, Ariel Jr. Pascual Rodríguez, Rigoberto Ocasio, Carmen Nazario y Erasmo Rosa Ramos. No había camino, solo una loma de escombros donde se mezclaban ladrillos con pedazos de vitrales y algunas partes de imágenes… Ellos se dirigían a la izquierda del templo donde el techo y la pared colapsaron totalmente. Lograron entrar a la capilla del Santísimo. Ariel Jr. buscó la llave del Sagrario en la Sacristía y un sacerdote abrió la pequeña puerta del Sagrario. Las formas consagradas estaban derramadas. Padre Melvin tomó la Sagrada Ostia que se utiliza para la Exposición del Santísimo. Padre Orlando recogió las formas consagradas y las colocó dentro del copón.

Ariel, Erasmo y Rigo tomaron el Sagrario en brazos, seguidos por P. Orlando con el copón de formas consagradas y luego P. Melvin con la Sagrada Ostia. Aunque con movimientos bruscos, rápidos y paso irregular por el suelo, la procesión salió con toda la dignidad a la brevedad posible del templo. Ya el sol había salido y aconteció una réplica que derrumbó completamente la torre frontal izquierda. La procesión con el Santísimo llegó a la Casa Parroquial a pasos de la iglesia. Gracias a los héroes de la Eucaristía de Guayanilla. ¡Qué viva Jesús Sacramentado! ■

Enrique I. López López
e.lopez@elvisitantepr.com
Twitter: @Enrique_LopezEV

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