Ha nacido la esperanza: Mensajes de Navidad de nuestros Obispos 

Los Obispos de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña ofrecen sus mensajes al pueblo de Dios en Puerto Rico a través de las páginas de El Visitante con motivo de la Navidad 2025. 

Mons. Roberto O. González Nieves, OFM,  

Arzobispo Metropolitano de San Juan, Puerto Rico 

Queridos hermanos y hermanas: 

¡Feliz Navidad 

Hoy, con la celebración del nacimiento de Jesús nace y renace la alegría.  Una alegría que nos viene de lo alto y que, María, lo coloca en el madero de un pesebre en la gruta de Belén. 

Ese Niño que nos viene de lo alto hoy se vuelve hacer cercanía de Dios y presencia divina en medio nuestro. Dios viene en Jesús para habitar en medio nuestro y mostrarnos su salvación. Esa ha de ser la verdadera alegría de la Navidad. 

La venida de Jesús es una alegría que se extiende a todas las personas y a todas las naciones del mundo entero. Es una alegría que transforma a cada corazón que se hace pesebre y lo acoge. Es una alegría que trae paz verdadera a quien lo hace habitar en su hogar y en su tierra. Es la alegría que mantiene encendida la zarza ardiente de la esperanza que no defrauda. 

¡Que esa alegría nos haga sentir en medio nuestro en expresiones de hermandad, amistad, solidaridad, acogida y sobre todo, unidad! 

¡Que esa alegría se haga presente en cada hermano y hermana inmigrante, en cada niño y niña, en cada mujer y hombre y en cada hogar marcado por la pobreza y vulnerabilidad, en cada anciano que experimenta soledad y necesidad y en cada confinado, en cada enfermo o enferma! 

¡Que el divino Niño Jesús nos alegre con su amor y misericordia, hoy y siempre! 

Mons. Rubén A. González Medina, CMF, 

Obispo de la Diócesis de Ponce 

En este tiempo marcado por incertidumbres y búsquedas profundas, la Navidad nos reúne para proclamar que Dios permanece fiel y no abandona a su pueblo. La esperanza que hoy celebramos no es frágil ni pasajera; es un don que nace cuando oramos unidos y dejamos que la luz de Cristo ilumine nuestro caminar. 

Al concluir el Año Jubilar de la Esperanza, elevemos nuestro corazón al Señor para que transforme nuestras cargas en confianza, nuestras heridas en paz y nuestras comunidades en verdaderos hogares de fraternidad. 

Que esta Navidad nos disponga abrir el corazón, como María, al querer de Dios, a servir con alegría a quienes viven en soledad o sufrimiento, a sembrar esperanza donde otros solo ven oscuridad. 

Que el Niño Dios, rostro humilde de la misericordia del Padre, renueve nuestra fe, fortalezca nuestra misión y colme de bendiciones a nuestras familias y comunidades. ¡Feliz Navidad! 

 Mons. Alberto A. Figueroa Morales, 

Obispo de la Diócesis de Arecibo 

“Nada se pierde con la paz, todo puede perderse con la guerra”. Esta fue la súplica de Pio XII en vísperas de la II guerra mundial. Tristemente no se equivocó. Los horrores de aquella guerra todavía causan espanto. ¡Cuántas vidas se habrían salvado! ¡Cuánta destrucción evitada! ¡Cuántos odios originados o exacerbados en ese conflicto siguen dando su amargo fruto de muerte en la actualidad! Pero, nunca es tarde para aprender, para corregir el rumbo, para apostar por la paz. Jesús, príncipe de la Paz, nos enseñó: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán hijos de Dios”.  

Pedimos paz para Puerto Rico, para el Caribe y para el mundo entero.  ¡Feliz Navidad! 

Mons. Eusebio Ramos Morales,  

Obispo de la Diócesis de Caguas 

¡FELICIDADES, HERMANOS, ¡NOS HA NACIDO UN SALVADOR! Cristo Jesús, el hijo de Dios, el Mesías Salvador, se ha encarnado por obra del Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María para asumir nuestra condición humana y llenarnos de vida nueva en abundancia. El que es la luz del mundo, el Emmanuel, Dios con nosotros, se humaniza en un Niño y nace en un pesebre, pobre y humilde, para abrirnos sus brazos y colmarnos de alegría y de paz. Así se cumple lo que anunció el profeta: una luz grande resplandece para los que viven en sombras (cfr. Is 9.2). 

Es la vida nueva que se despliega en Belén, la luz que ilumina todas nuestras tinieblas,el amor de Dios desbordado en perdón y misericordia, convertido en oferta permanente de salvación. ¡Es NAVIDAD, hermanos! Es tiempo de adorar a Jesús como lo hacen María y José, de buscarle con la sencillez de los pastores y de abrirle el corazón para que renueve en nosotros la fe y la esperanza. Con él en nuestro interior podemos abrazar el proyecto de Dios que nos hace hijos, genera comunión fraterna y solidaria, anima nuestro espíritu sinodal y misionero, y nos da la fuerza para vencer la violencia, el egoísmo, el odio y la indiferencia. Porque la luz que él trae —como proclama el Evangelio— es una luz que las tinieblas no pueden vencer (cfr. Jn 1.5). 

¡Es NAVIDAD, hermanos! Celebrémosla en familia, ese espacio vital que todo niño y toda persona necesitan para ser, crecer y florecer. Que, con Jesús en nuestros corazones, nuestras familias se conviertan cada vez más en verdaderas “Escuelas de Fe, Semillas de Esperanza y Santuarios del Amor”, como la noche de Belén que escuchó el canto de los ángeles: “Paz en la tierra a los hombres amados por Dios” (cf. Lc 2.14). ¡FELICIDADES! 

Mons. Ángel Luis Ríos Matos,  

Obispo de la Diócesis de Mayagüez 

Queridos fieles de Puerto Rico y de la Diócesis de Mayagüez: 

En esta Navidad deseo que la luz del Niño Jesús ilumine sus hogares con paz, esperanza y alegría renovada.  Este año estamos celebrando con gratitud los cincuenta años de fundación de nuestra amada Diócesis de Mayagüez: medio siglo de fe compartida y vivida, de servicio generoso y de compromiso evangélico.  Como Pastor doy gracias a Dios por cada comunidad, por cada familia y por cada fiel que han construido, con amor y sacrificio, esta Iglesia que camina en unidad. 

Rogamos al buen Dios que proteja con su paz a nuestra islita, al caribe y a todo el continente latinoamericano.  Pidamos al Señor que nos conceda seguir creciendo en fraternidad y en misión, siendo testigos de su amor en nuestro país y más allá.   

Que la Sagrada familia de Nazaret acompañe siempre sus vidas y les bendiga abundantemente.  

+P. Ángel L. Ríos Matos, Obispo de Mayagüez 

Mons. Luis Miranda Rivera, O. Carm,  

Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 

En la luz gozosa de la Navidad, celebramos el misterio del Dios que se hace cercano en Jesús, esperanza viva para nuestra humanidad. Este año, la alegría se intensifica al vivir un Año Jubilar por el quincuagésimo aniversario de la Coronación Canónica de Nuestra Señora, Madre de la Divina Providencia, patrona de nuestro amado archipiélago puertorriqueño. 

Contemplamos a María como mujer de fe y de confianza total en Dios. Ella acogió el plan del Padre y nos señala siempre el camino hacia su Hijo. Que, en este tiempo de gracia, sea la Madre de la Divina Providencia quien guíe nuestros pasos hacia Jesús, fortalezca nuestras familias, renueve nuestra esperanza y nos impulse a vivir la caridad con obras concretas. 

Que el Niño Dios nazca de nuevo en nuestros corazones, sane nuestras heridas y nos conceda paz. Confiados en el amparo maternal de María, caminemos como un pueblo unido, agradecido y fiel. 

¡Feliz y Santa Navidad para todos! 

Mons. Tomás G. González González,  

Obispo Auxiliar de San Juan de Puerto Rico 

La hermosura de la creación misma es fruto del amor de Dios que, desde nuestro 

nacimiento, nos rodea y nos abraza en su amor. La profecía revelada en la historia de la humanidad se ha cumplido. La verdad del amor del Padre ha venido a acampar en medio de nosotros, dándonos pruebas de su fidelidad y de su cercanía. Esa Palabra revelada nos ha ido acompañando durante el Adviento y apenas comenzando la Navidad, estamos convencidos de que nos seguirá iluminando y alimentando espiritualmente para fortalecimiento de nuestra fe, esperanza y caridad en nuestro peregrinar de bautizados, llamados a anunciar que ha nacido el Mesías. 

Celebrar la Navidad con las tradiciones que nos identifican como pueblo puertorriqueño y que tanto bien han hecho a multitud de hijos del pueblo de Dios que nos han precedido, como a nosotros mismos, será un mantener abierta las puertas de nuestros corazones para que Dios Uno y Trino, que sigue viniendo a nuestro encuentro, continue llenándonos de alegría, fortaleza, amor y esperanza. 

Que Dios nos ayude a obrar como hijos suyos. 

¡FELICIDADES! 

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