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Isaías nos comparte esta bella profecía sobre el Mesías, una profecía que el mismo Jesucristo utilizará para dejar saber que Él es el Mesías esperado.

San Pablo anima a los Tesalonicenses a que estén alegres aún en los momentos de persecución y tribulación.

San Juan Evangelista nos presenta, como ningún otro evangelista, a la persona y a la misión de Juan Bautista, haciendo bien clara su misión.

“Gaudete”, esta palabra que viene del latín gaudium, que significa “gozo”. Pero este gozo no es una alegría superficial, sino el gozo de que Dios está en medio de nosotros aun cuando estemos pasando tribulaciones, a sabiendas de que Dios siempre tendrá la respuesta fina en la persona de su hijo Jesucristo.

Esta es una de las grandes tesis de San Pablo en sus dos cartas a los Tesalonicenses; hoy meditamos en la segunda lectura la primera carta. La comunidad cristiana de Tesalónica era, a diferencia de la corintia, una comunidad cristiana pequeña, perseguida y hostigada tanto por judíos como por paganos. Sin embargo, era bien activa, apostólica, generosa. San Pablo la anima a que mantenga ese gozo y esa apostolicidad que la caracteriza, aún en medio de la tribulación en la que vive. Esto nos debe animar a nosotros cuando pasamos momentos difíciles. Cuando pequeños, la Navidad era un momento maravilloso, mágico, pero a medida que envejecemos la Navidad se nos puede volver retante debido a las personas que hemos perdido en el camino, como nuestros padres, abuelos, cónyuges, hijos, etc. Estas palabras de San Pablo nos deben de animar, recordando que estos seres queridos nuestros están con Dios, y que un día todos nos reuniremos en su presencia, en donde no habrá dolor.

¡Ay, la bella profecía de Isaías, que Jesucristo cumple a cabalidad! Tanto Jesucristo como el Bautista la conocían, a Jesucristo le encantaba y es por eso que la utilizó dos veces. Una vez fue en la sinagoga de Nazaret para indicar que en ÉL se cumplían las profecías de Isaías y eso le costó que lo trataran de matar y lo botaran como basura de su mismo Nazaret. La otra vez fue, cuando en la cárcel Juan Bautista dudó y mandó a preguntar a Jesús si era el Mesías; Jesucristo realizó todo lo que dice la profecía y les dijo a los emisarios de Juan que le contaran todos los milagros que Él realizaba. Esta fue la respuesta que satisfizo a Juan.

Juan es el vivo ejemplo del Siervo de Dios que sabe cuál es su sitial y misión. Al acercarnos a este pasaje de San Juan Evangelista, debemos de tener en cuenta que San Juan Evangelista era discípulo de San Juan Bautista, y que por tanto no sólo conocía muy bien su mensaje, sino que incluso le tenía cariño. Por eso es que vemos bien claro en este pasaje que San Juan Bautista desvía la atención que la gente sentía sobre él, hacia el Mesías que había de venir, enfatizando que él era solamente su mensajero, su precursor y que, la venida del Mesías, nos debe de llenar de gozo.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante