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La gran mayoría de nuestro pueblo vive muy consciente del precepto dominical.  En ese aspecto, los primeros catequistas hicieron muy buen trabajo.  En aquel entonces, el pueblo recibía una catequesis para recibir la Primera Comunión.   Aparte de eso, no existía ningún otro tipo de orientación catequética para la recepción de los demás sacramentos.  Fue con la renovación litúrgica de Vaticano II (1962-65), y consecuentemente, el Consejo Latinoamericano y Caribeño (CELAM) en Medellín (1968), que se reconoció la necesidad continua de una preparación antes de la recepción de todos los sacramentos.  De ahí fue que surgieron con gran efectividad los cursos prematrimoniales, por mencionar un ejemplo.   Así es hoy en día en la práctica pastoral.  

Desde la realidad histórica, las nuevas normas se consideran un reto pastoral serio.  Se está tratando de evangelizar a un pueblo que se ha acostumbrado, a modo pasivo, de vivir una fe tradicional.  La actitud en general no es de compromiso si no de ‘obligatoriedad y cumplimiento’.  De ahí la pregunta común, para los días festivos que caen durante la semana, aparte del domingo, ¿esta Misa cuenta para mañana?  O sea, si no es obligación, ¿para qué ir a la Misa?  Otro fruto de la reunión de Medellín fue el análisis de los niveles de fe que vive el pueblo católico en Latinoamérica.  Se señalan tres posibles niveles: la fe popular o tradicional, la práctica normal y la del compromiso permanente.

La fe tradicional: es mejor conocida como la religiosidad popular. En Latinoamérica, toda la estructura social se organiza desde la fe.  Antes de la modernidad, por ejemplo, toda actividad laboral y comercial, se suspendía en domingo.  Así también con las celebraciones religiosas, como Navidad y Semana Santa. Como parte de este nivel de fe, se usan imágenes, veladoras, crucifijos, rosarios, y estampas religiosas. Se envían mandas o se visten con un ‘hábito’ como cumplimiento de alguna promesa.  Se usa el rosario como pendiente alrededor del cuello o colgando en el auto.  Las fiestas del santo patrón de cada pueblo se celebran usualmente con una novena y procesión en honor al santo.  Seguidamente, todo un carnaval, con quioscos de comida y bebida típicas, máquinas de entretenimiento y juegos de azar. La gente anticipa con gran empeño esas fechas anuales.

En el segundo nivel, usualmente el pueblo practica la fe católica asistiendo a Misa con regularidad y observando los días de precepto.  Procuran tener la imagen del Sagrado Corazón en un lugar prominente del hogar y alguna otra imagen del Corazón Inmaculado de María Santísima.  Un santo de gran popularidad con nuestro pueblo es San Judas Tadeo. Ostentan cadenas y medallas, ejerciendo a modo visible su compromiso religioso.  Su vida de familia refleja una conciencia de principios religiosos y así, dan evidencia de su fe.

El tercer nivel es de un compromiso más firme y activo.  El feligrés ha vivido algún retiro carismático o el muy conocido Cursillo de Cristiandad. Su vida gira alrededor de su fe y su espiritualidad es notable.  Son los que se conocen por su participación en los ministerios parroquiales. Sirven como ministros de la Eucaristía, lectores litúrgicos, catequistas y están activos en algún grupo apostólico. Conocidos y respetados en la comunidad parroquial, son los colaboradores más cercanos del sacerdote o de alguna religiosa. 

Otro detalle que debe de considerarse en el renglón de la vida espiritual es el continuo peligro de algún feligrés que, en su celo apostólico, pierde el balance entre su vida de familia y su actividad parroquial.  Para el casado, su prioridad siempre debe de ser su cónyuge y la vida del hogar.  Ahhh…cuántos hombres y mujeres muy buenos, han cometido el error de absorberse tanto en la vida parroquial que sus hijos se rebelan ante el sentimiento de abandono o la falta de su presencia en el hogar. Esto no siempre se toma en cuenta, pero es un peligro que se da hoy con frecuencia.  Si antes de una conversión personal, el creyente se entretenía con sus amistades faltando así a sus deberes de papá o mamá, ocurre ahora lo mismo, excepto que no toma en cuenta su negligencia, pues ahora ‘está en las cosas de Dios’.

Se vive hoy en día en tiempos muy distintos a los de nuestros abuelitos.  La práctica de la fe no es un proyecto enajenado de la totalidad de la vida.  O tu fe te hace mejor esposo, esposa, papá o mamá, o se está cometiendo el error de estar viviendo ‘una fe que no salva.’  Que existe hoy en día, una gran efervescencia en renglón religioso es cierto.    Si esta Misa cuenta o no depende totalmente de la fe y compromiso hecho en el bautismo.  Vivir consciente de una identidad católica y una consecuente experiencia religiosa debe de ser algo que fluye a modo natural del creyente.  Pero como ya mencionado, la experiencia del pueblo es muy diferente.  La tarea pastoral de catequizar a los ya ‘convertidos’ se convierte pues, en el proyecto principal de la pastoral parroquial.  Usualmente, se llena la Iglesia para una celebración dominical y se ignora entonces, que esos presentes constituyen apenas un 10% más o menos, de la totalidad de la población.  Se concluye pues, que el problema no es tanto si la Misa cuenta o no, pero como motivar al pueblo católico a cumplir con sus deberes como discípulos del Señor. ‘¡En eso estamos y a eso vamos, con la ayuda de Dios!

Domingo Rodríguez Zambrana, S.T.

Para El Visitante