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Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad

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Paráclito, Consolador, Espíritu de verdad, Señor y dador de vida, santificador, esos son solo algunos de los nombres con los que se le conoce al Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el # 684 dice que: “El Espíritu Santo con su gracia es el primero que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que es: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17, 3).

Con esto coincidió Padre Mariano Martínez, OMI, asesor de la Renovación Carismática de la Arquidiócesis de San Juan, que reconoció que nadie puede seguir a Dios si no recibe la fuerza del Espíritu Santo.  “El Espíritu Santo es ese don, esa fuerza que te hace entender, vivir y darle sentido a todo eso. Cuando hablamos del  Espíritu Santo se habla de dones, y frutos. El don de la ciencia, inteligencia y fortaleza sumado a los frutos son instrumento para ayudar a vivir lo cotidiano de la vida”, afirmó.

A su vez, el también párroco de la parroquia María Reina del Mundo del Residencial Nemesio R. Canales en San Juan definió al Espíritu Santo como el amor del Padre y el Hijo. No obstante, a pesar de su importancia el Catecismo de la Iglesia Católica reconoce que es el último en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad. El propio Catecismo presenta al teólogo San Gregorio Nacianceno que lo explica: “[…] En efecto no era prudente, cuando todavía no se confesaba la divinidad del Padre proclamar abiertamente la del Hijo y, cuando la divinidad del Hijo no era aún admitida, añadir el Espíritu Santo como un fardo suplementario si empleamos una expresión un poco atrevida…”.

Sobre esto Padre Mariano admitió que “en los primeros tiempos del cristianismo el Espíritu Santo no se reconocía como una persona. A los primeros creyentes les costaba entenderlo porque hay que recordar que tenían una gran influencia judía. Para ellos el Espíritu Santo era como una fuerza de Dios”.

Continuó diciendo que “poco a poco Pablo son su genialidad fue dándole forma a eso. Por eso son los cristianos de la segunda y tercera generación los que comprendieron mejor quién era el Espíritu Santo tal y como lo conocemos ahora”.

De otra parte, en un artículo titulado Los nombres del Espíritu Santo, el gran desconocido en la página de Internet Gaudium Press, el teólogo y sacerdote Fray Antonio Royo Marín, O.P., argumentó que solo en tres ocasiones el Espíritu Santo se manifestó de forma sensible ante los hombres. La primera fue en el Bautismo de Jesús en el Jordán (Mt 3, 16). La segunda, en el monte Tabor durante la trasfiguración (Mt 17, 5). Y la última el día de Pentecostés (Hch 2, 2-3).

Mientras, P. Mariano admitió que: “El Espíritu Santo es un acto de vida, es vivencial para que alguien hable del Espíritu Santo tiene que vivirlo, encontrarse con él”, precisó.

Relacionado con los momentos en que se puede implorar la guía del Espíritu Santo, el sacerdote reiteró que “pedírselo al Espíritu Santo es como pedírselo a Dios. El espíritu es el único que nos da esa capacidad a través del amor de entender las cosas que son voluntad de Dios en nuestras vidas”.

Mariano señaló que si algo nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica es que el Espíritu Santo ha estado presente en la historia de la salvación. “La Iglesia no valdría nada si no tuviese el Espíritu Santo porque él es el único que puede sacarnos de esta ceguera y restregarnos en nuestra cara el pecado para que reaccionemos. Nada podría ser posible sin el Espíritu Santo porque al final se resume en amor y sin amor nada es posible”, puntualizó.

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