De la misma forma que existe el dicho: “Hay gente y hay gente”, cuando de dirigir se trata se puede decir: “Hay líderes y hay líderes”. Y es que aunque el liderazgo siempre ha existido en los diversos grupos sociales, en ocasiones se cuenta con líderes inclusivos y líderes protagónicos. ¿La diferencia? De primera entrada se conoce que un buen líder es aquel participativo, mientras que el protagónico es como el yo-yo, que quiere hacerlo todo.

“El líder tiene que conocer cuáles son sus fuerzas y habilidades para atraer a ese grupo de personas hacia esas metas en específico y en efecto, buscar ayuda del equipo para enfrentarse a sus errores porque obviamente los habrá”, describió el Dr. Roberto González Valle del Colegio de Estudios Graduados en Ciencias de la Conducta y Asuntos de la Comunidad de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en Ponce.

Respecto a la diferencia entre un líder inclusivo y uno protagónico, el psicólogo industrial organizacional destacó que un líder inclusivo es participativo, valora las ideas, da la oportunidad al grupo de tener iniciativa, no manipula, escucha, trabaja en equipo, facilita el proceso de organización de las ideas, supera el proceso de las dificultades, insta a la participación y lleva en sí a lograr la meta de los objetivos establecidos.

Mientras que el protagónico es autocrático, más dominante, actúa como un yo-yo: “yo lo hago, yo lo produzco, yo tomo la decisión”, quiere quedar bien con todo el mundo por lo que no suelen importarle las opiniones de los demás, no integra, puede perder el enfoque, no trabaja en equipo, no se comunica y piensa: “Aquí se hace lo que yo diga y punto”.

Como consecuencia los seguidores no se integran al grupo por lo que comienzan a retirarse, dejan de trabajar con él, tienen miedo de comunicarse con la persona, no participan de las actividades y como resultado final no se logra el objetivo establecido.

Por lo tanto, según González Valle, todo líder debe darle la oportunidad a sus seguidores de expresarse y tomar las decisiones basadas en los señalamientos. “El buen líder identifica en su equipo de trabajo personas que le puedan ayudar al logro de los objetivos, que puedan aportar, que sean responsables, que compartan la misma misión y que ayuden a lograr una meta”, comentó.

Contrario a lo que muchos piensan un líder no tiene que ser aquella persona que está en un puesto directivo alto. Entre el sinnúmero de líderes destacados a lo largo de la historia, para el experto el mejor ejemplo a seguir es Jesucristo, al que destacó como el líder de los líderes. “Su liderazgo se basó mucho en la humildad que él tenía. Era una persona que no hacía alarde de sus talentos, le gustaba estar entre la gente, los motivaba hacia el objetivo -que era educarlos en la fe-, brindaba un servicio constante de ayuda y (sobre todo) tenía un compromiso”, detalló.

Agregó que una persona que imita los principios de Jesús, sigue hacia adelante ya sea en la familia o en el trabajo, porque “escucha opiniones, educa en los valores, toma decisiones, motiva y resuelve los conflictos dialogando”.

Asimismo, enfatizó que es tarea del líder evitar contaminarse, ya que “cuando te rodeas de gente positiva lo positivo se pega, pero cuando te rodeas de gente negativa, ahí también lo negativo entra”, de modo que pierde su enfoque y metas establecidas.

“El individuo que es buen líder reconoce que necesita a las personas y que las personas necesitan de él. Cuando un buen líder tiene bien establecido su norte y su meta, no hay quién lo haga cambiar”, subrayó.

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