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“El Señor me curó de cáncer y estoy eternamente agradecido”

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(Primera parte de la entrevista con el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga)


Aprendió a volar un avión para subir al cielo y acercarse a Dios, pero lo encontró verdaderamente al responder a su vocación sacerdotal en la Eucaristía. El Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo Metropolitano de Tegucigalpa, Honduras, concedió una entrevista a El Visitante en su reciente visita a Borinquen.

Todo camino tiene un inicio, algunos son muy trillados, otros deben ser luchados. Sobre los primeros pasos de su vocación el Cardenal reconoció que era educador de nacimiento. “Mi primera vocación fue ser educador. Desde niño tengo recuerdos tratando de enseñar algo a mis primos y hermanos, tenía esa inclinación a enseñar”, sostuvo entre recuerdos. Su padre lo matriculó en el Colegio Salesiano y allí “me encontré como pez en el agua”. Fue entonces que descubrió que la orden se dedicaba a la educación y a sus 10 años se planteó ser saleciano.

Su padre sobre el sacerdocio: “Usted no se manda” 

Decidido a terminar la primaria e ingresar al aspirantado a sus 12 años pidió permiso a su padre. Este le respondió: “Usted no va a ninguna parte, usted no se manda solo. Usted es muy travieso y me lo van a devolver al día siguiente. Si acaso cuando termine el bachillerato y todavía quiere yo le doy permiso”. Claro que las palabras no fueron en el tono más sutil. Fue entonces que chocó con esta nueva realidad y tuvo que replantearse qué iba a hacer con su vida. Su anhelo por lo divino lo hizo mirar al cielo. “Voy a ser piloto”, dijo en su interior. Así aprendió a volar de forma clandestina a sus 14 años con el amigo de su padre.

No obstante, esa llamada inicial latía fuerte en su corazón y terminando la secundaria en un retiro el predicador llamaba a no ser cobarde si Dios llama. “Aquello me quedó dando vueltas y me dije: ‘No voy a ser cobarde’. Hablé con el director del Colegio Salesiano y me dijo que al terminar el bachillerato me enviaría al aspirantado. Y allí fue todo. Me encantaba mi vocación salesiana”, dijo. Un buen día, el Santo Padre Pablo VI lo llamó para ser Obispo auxiliar de Tegucigalpa. “Al principio yo pensaba que no era mi vocación. Pobre de mí, yo dije que no. Pero el Papa me dijo, sí. Entonces yo tenía que obedecer. Este año cumplo 40 años de Obispo”, precisó.

Tiempo para escuchar

Aprovechó la ocasión para dirigirse a los jóvenes: “Cuando el Señor llama no pueden decir no. El Señor sigue llamando, lo importante es tener tiempo para escuchar su voz”. De hecho, este año se celebrará un Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Aunque no pudo adelantar nada sobre el instrumento de trabajo, sí reveló que será “algo precioso para orientar a los jóvenes en el discernimiento vocacional”.

Finalmente, habló sobre su reciente proceso de salud. “Tengo que decir que prácticamente el Señor me curó de un cáncer. Estoy enormemente agradecido porque Él quiso. Estaba preparado y le dije: ‘Señor ya está la visa en el pasaporte’, pero quiere que todavía siga aquí haciendo algo y por eso me ha curado. Estoy agradecido con el Señor y por tantas personas que han orado por mi salud”, concluyó.

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