Esto va para los “desesperaos” que, al tomar una decisión difícil, arrancan lo que desean acabar y se llevan por el medio otros valores. Es el que se divorció y no quiere saber ni de los niños que tuvo con ella; el que debe cesantear a un empleado, y con ese se lleva a los que formaban el equipo… Es como si un cirujano decide cortar un absceso en la mano y decide cortar toda la mano. Y decimos: como el agua de la palangana ya está sucia bañando al nene, saca al nene, bota el agua, y pon de nuevo al nene para acabar de bañarlo. O sea, no hagas más daño del que decidas arrancar. Es otra manera de enseñar lo de la parábola del trigo y la cizaña.
En el fondo nada es tan malo que sea totalmente malo. La operación de sanación, o evitación de un mal intolerable, no puede ser acabarlo caiga quien caiga. Es como el presidente que decide destruir al narco a puro fuego y si caen civiles eso son solo “daños colaterales”. Algo así como los sionistas en Gaza: ¡maté al terrorista que se ocultaba en el hospital bombardeando a todo el hospital! Y así sucede con algunas parejas al subsanar una situación familiar o matrimonial que les parece intolerable. Lo correcto es funcionar como cirujanos expertos: extirpan lo podrido salvando lo sano.
Pero primero es ver cuál es el problema para sanar y a quién le toca resolverlo. Es lo que llamarían ‘primer respondedor’. Es lo que pasó (en el fondo un chiste) con una pareja. Ella: Mira, esto es intolerable; ¡tu secretaria está embarazada! Él: Ese no es un problema mío, ni tuyo; es problema de ella. Ella: ¡Sí, pero tú la embarazaste! Él: Ese no es problema de ella, ni problema tuyo. ¡Ese es mi problema! Ella: ¡Sí, pero yo me voy a divorciar! Él: Ese no es problema de ella, ni problema mío; ¡ese es tu problema! ¡A ver cómo lo consigues!
Hay algo de broma, pero mucho de realidad. No me puedo encargar de resolver lo que no me toca directamente. Dice el Señor que cada día tiene su afán, y cada situación a resolver tiene un responsable. Otra cosa es que se ayude al responsable a cumplir su tarea. De nuevo, eso sería por botar el agua sucia botar el agua con el nene dentro. Algunos afirman que se meterán en peleas de parejas. Tienen su punto. Le toca a la pareja misma tomar sus propias decisiones. De fuera se puede dar apoyo, consejos, tácticas, pero no asumir esa tarea como propia. Es la escena de un esposo golpeando a su esposa; alguien se mete a separarlos; la esposa le reconviene “no se meta con mi esposo”. “Ah bueno, perdón; pues que le siga pegando, si así le gusta”. Si así le gusta…
Cuando explotó lo de Ucrania la campaña era denostar a Rusia. Al presidente de Méjico le preguntaron qué opinaba de esa invasión. Dijo él: Pues, es una pena que no se hayan sentado a llegar a acuerdos para solucionar sus problemas. Ahora bien: estoy en contra de todo tipo de invasión, porque en mi país hemo sufrido cuatro invasiones: una de España, dos de Estados Unidos, otra de Francia e Inglaterra. Condeno lo de Ucrania, pero también muchas otras invasiones que se han sufrido en las últimas décadas.
Dice el sabio: de entre los males elige el menor. O por corregir un mal no creas una catástrofe. Porque tu cónyuge cometió un error, sigue con un defecto… no añadas más: no le hablo; hoy no hay cocina… ni entrega íntima por ese mes… le impido ver a los nenes… me peleo con su familia… En resumen: no añadas más dolor al que de veras está ocurriendo; por conseguir un bien, no acabes cometiendo muchos males. Ten compasión del nene en la palangana.
P. Jorge Ambert, SJ
Para El Visitante



