Domingo XXIX del Tiempo durante el Año, Ciclo C

Contexto

Hoy celebramos el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND). Aunque este sábado hemos clausurado el año para la misión decretado por la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP), a nivel universal seguimos con el mes extraordinario misionero y en Puerto Rico hemos lanzado oficialmente la preparación al CAM6, así que la misión no ha acabado, seguimos en el mode misionero.

Si usamos las lecturas del domingo XXIX del año, continuamos en una especie de triduo sobre la fe y la oración que comenzamos hace dos domingos. Hoy la primera lectura nos indica que la victoria del pueblo de Dios se obtuvo gracias a la oración perseverante de Moisés y sus colaboradores (cf. Ex 17,8-13), el salmo 120 es un eco de ese tema, a la vez que expresa la confianza que debemos tener al elevar nuestra oración al Señor.

En el Evangelio, Jesús nos invita a ser perseverantes en la oración, convencidos de que el Padre siempre escucha nuestras súplicas (cf. Lc 18, 1-8).

La segunda lectura (2 Timoteo 3, 14-4, 2) nos enseña lo necesaria que es la Sagrada Escritura, y el deber que tenemos de anunciar la Palabra de Dios.

Reflexionemos

En consonancia con el DOMUND, Jesús, además de enseñarnos la importancia de la constancia en la oración, nos hace un cuestionamiento que nos deja en shock: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la Tierra?”.

Esa pregunta sigue resonando en nuestros oídos después de casi 2,000 años de evangelización, tras los cuales aún la mayoría de la humanidad sigue siendo no cristiana y los cristianos estamos enfrentando una situación de cierta involución en países centenariamente evangelizados.

Urge tomar muy en serio lo que nos dice el Magisterio de la Iglesia sobre la misión, condensado por el Papa Francisco en el lema de este año: Bautizados y enviados.

¿Por qué el Evangelio no se extiende más? ¿Por qué andamos en reversa? ¿Por qué no hay más misioneros o por qué cada cristiano no tiene más conciencia misionera? ¿No será porque no hemos asumido nuestro bautismo con plena conciencia y de ahí que no todos se sientan enviados a evangelizar? ¿Hemos bajado los brazos, nos hemos cansado de orar para conocer la voluntad salvífica de Dios y llenarnos de su fuerza y ardor para evangelizar?

Ha terminado el mes de la Biblia, pero no podemos olvidar el lugar de la Palabra en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia y de la misión, como Pablo le recordaba a Timoteo: “Ella puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación… proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo…”.

En su parábola, Jesús, como siempre, nos enseña con ejemplos muy concretos verdades eternas.

Si para la justicia, y tantas otras cosas humanas y pasajeras, nos afanamos tanto, como esa viuda con el juez, qué distinto sería el mundo si también tomáramos más en serio y nos esforzáramos por llevar al mundo entero, comenzando por nuestra familia, la Buena Nueva. Así nos lo deja saber Pablo cuando recuerda a Timoteo que desde niño conoce la Sagrada Escritura gracias a su madre y su abuela (cf. 2 Tim 1, 5). La misión hasta los confines de la Tierra comienza en los confines del hogar; comienza con padres, madres y padrinos conscientes de sus compromisos bautismales y que hacen entenderlos y vivirlos a sus hijos y ahijados; con familias que se sienten enviadas a evangelizar sus familiares, amigos y vecinos, antes de salir a evangelizar África o Asia.

A modo de conclusión

Con esto mente, ¿no será que tomamos ligeramente nuestro bautismo? ¿La formación bautismal en nuestras parroquias es realmente evangelizadora o una especie de requisito burocrático?
Aparecida nos llamó a una conversión pastoral hace 12 años. Cada vez es más patente que sin ella no habrá misión (cf.365-372). ■

Mons. Leonardo J. Rodríguez Jimenes
Para El Visitante

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