El Espíritu Santo no es una idea ni una fuerza impersonal. Es Dios mismo que viene a habitar en nosotros, el don que Jesús promete para que no quedemos solos. Jesús sabe que sus discípulos tendrán miedo, dudas y momentos de oscuridad. Por eso dice: “No los dejaré huérfanos.” El Espíritu Santo es la presencia de Jesús en medio de nosotros, la presencia de Dios dentro de nuestro corazón.
El Espíritu Santo nos enseña a ama Jesús une dos cosas: amor y obediencia.
“Si me aman, guardarán mis mandamientos”. El Espíritu Santo no viene solo a consolarnos;
viene a transformar nuestro corazón para que podamos vivir como Jesús vivió: — amar— perdonar— servir— permanecer fieles.
El Espíritu Santo nos hace ver con los ojos de la fe Jesús dice que el mundo no puede reconocer al Espíritu, pero los discípulos sí, porque vive con ellos. El Espíritu abre los ojos del corazón. Gracias a Él podemos descubrir a Dios en lo cotidiano, en la Palabra, en la Eucaristía, en los pobres, en la misión.
El Espíritu Santo nos recuerda que Jesús vive Jesús dice algo sorprendente: “Ustedes sabrán que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí y yo en ustedes.” El Espíritu Santo nos introduce en esa comunión profunda con Dios., No estamos lejos de Dios:,Dioshabita en nosotros.
El Espíritu Santo enciende la misión Un corazón tocado por el Espíritu no puede quedarse quieto. El Espíritu enciende el corazón y nos impulsa a salir, a anunciar, a servir. Por eso hoy también podemos orar: “Señor, enciende nuestro corazón
y fortalécenos en la misión.”
Oración
Ven, Espíritu Santo. Enciende nuestro corazón con el fuego de tu amor. Haznos discípulos fieles de Jesús,y misioneros de esperanza en nuestra Iglesia. Amén.



