Isaías nos está diciendo con estas imágenes, que Dios va a sacar vida de lo que está muerto.
En la Carta a los Filipenses, San Pablo nos demuestra de forma concreta lo que implica amar a Dios sobre todas las cosas. Al considerar a Jesús más importante que todo, San Pablo ha renunciado a todo para recibir a Jesús.
El Evangelio de San Lucas nos presenta una aparente transgresión de Jesús a la Ley de Moisés para establecer una declaración clave: Dios es el Dios de Amor, de Justicia, de Misericordia y Perdón, que no quiere que nos condenemos, sino que nos salvemos.
Estamos ya a las puertas de la Semana Santa y la Santa Liturgia nos quiere prepararnos a ella, proponiéndonos a través de la Palabra de Dios, los temas fundamentales del Ciclo C, la Misericordia y el Amor de Dios, enmarcados en este Año Santo de la Misericordia.
Isaías es un profeta sorprendente puesto que, ya sea en los relatos del advenimiento del Mesías Rey o los relatos del Siervo de Yahveh, sus profecías acerca del Mesías son certeras. En esta primera lectura de hoy, el Profeta nos dice que Dios va a sacar vida de la muerte, verdor de la sequedad, plenitud del vacío. Para ello utiliza las imágenes del desierto, de donde saca agua, para dar vida a todos, desde los animales hasta el ser humano. Sorprende puesto que el concepto del mesianismo del Antiguo Testamento es la del Rey Guerrero que liberará a Israel de sus enemigos. Este concepto contrasta con la del Mesías que, a través precisamente de su muerte, nos dará vida en plenitud. Nadie en el Antiguo Testamento trabaja este tema mejor que Isaías. Esta teología salvífica la veremos en plenitud en los Cánticos del Siervo de Yahveh que escucharemos en Semana Santa.
¿Qué estamos dispuesto nosotros sacrificar por Cristo? San Pablo lo ha sacrificado todo, su carrera político-religiosa, su prestigio, su imagen, su posición en la sociedad, porque para Él, Jesucristo es más importante que todo. Con este acto, San Pablo concreta el Primer Mandamiento de la Ley de Dios, “Amar a Dios sobre todas las cosas”. Si Dios es lo más importante, todo, absolutamente TODO es sacrificable en aras de las bendiciones que Dios ha de darnos. Cuando se trata de nuestra relación con Cristo, no es con palabras que mostramos que amamos a Dios sino con actos concretos y radicales. Esto es para ponernos a pensar: ¿qué hacemos cuando la catequesis de mi hijo conflige con la práctica de baloncesto o la catequesis de mi hija conflige con la práctica de voleibol? ¿Qué hacemos cuando la misa conflige con compromisos sociales? ¿Qué hacemos cuando una ley va en contra de mis valores cristianos, como por ejemplo la ley a favor del aborto? ¿Somos capaces de sacrificarlo todo por Cristo?
“Misericordia quiero y no sacrificios”, un axioma omnipresente en la teología de los profetas del Antiguo Testamento y que Jesucristo lo lleva hasta sus últimas consecuencias. La Ley de Moisés, una ley inspirada por Dios de acuerdo con el Pentateuco, establece que una adúltera sea apedreada hasta morir. Esta ley es tremebunda está ahí, una ley bastante injusta con la mujer puesto que, para cometer adulterio, hace falta el concurso tanto del hombre como de la mujer. Pero vamos directo al pasaje: ¿qué buscaban los fariseos, que la Ley de Moisés se cumpliera o poner en entredicho a Jesús? Jesucristo violaría la Ley de Moisés, o la Ley de la Misericordia y el Amor de Dios que tanto Él promulgaba? Esta era una de las muchas trampas contra Jesús como la trampa del tributo del césar.
Jesús no solamente se va por la misericordia sino también por la justicia de Dios, con la contestación que sus enemigos no esperaban, pone en entredicho a sus enemigos, es más hasta los ridiculiza, salvando así a la adúltera, pero conminándola a que no peque más (debemos recordar que Jesucristo es duro con el adulterio, no solamente por parte de la mujer sino sobre todo por parte del hombre). Jesús nos lleva a lo que dice San Juan Evangelista en una de sus cartas: no juzguemos al prójimo porque violamos la Ley de Dios. Estos enemigos de Cristo, por tanto, estaban violando la Ley de Dios. Mirémonos nosotros mismos.



