Por Padre Gabriel Alonso Sánchez
“No tengo tiempo” es una de las expresiones que más se repiten en la vida de los mortales. Lo dice Juan, lo dice Pedro, lo dices tú y lo digo yo.
La vida humana es compleja. Debemos ir aprendiendo a seleccionar entre cosas importantes hasta llegar a la apremiante. No es tarea sencilla. En esta disyuntiva, el tiempo se presenta como un don a ser estimado. Un cristiano no quiere desaprovecharlo, por el contrario, busca sacarle todo el jugo posible… ¿En qué sentido? En la búsqueda y descubrimiento de la voluntad de Dios. No deseamos otra cosa que lo que Él quiera. El maestro espiritual Carlos de Foucauld lo expresa de la siguiente manera: “Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal de que tu voluntad se cumpla en mí, y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre”. Con este objetivo en mente, hemos de ser precavidos al elegir nuestros campos de acción. En los inicios de la vida espiritual es muy común llenarse excesivamente de trabajos. Así, uno puede verse abrumado hasta llegar a la conclusión de que no tiene tiempo para nada, esfumándose los momentos de calidad para la oración, la fraternidad, el descanso y el sano ocio. Resulta inevitable que, al llegar a este punto, nos sintamos desenfocados, quemados y angustiados.
Realmente, cuando somos sinceros con nosotros mismos, nos damos cuenta de que, hay tiempo, lo que sucede es que tenemos que replantearnos su distribución. Para las cosas que verdaderamente nos importan, siempre encontramos espacio. Por tanto, con aquello que es apremiante, debemos ser celosos y cautelosos. No podemos dejar que nada ni nadie nos robe lo esencial. Con garras y dientes hemos de defender aquello que entendemos es la voluntad de Dios. ¡Qué distinta sería nuestra vida si abrazáramos el tiempo como una oportunidad de hacer lo que debemos hacer! “¡Qué lindo sería este mundo!”, según lo expresa la décima de Omar Santiago. Recordemos que la santidad consiste en “hacer lo que hay que hacer y hacerlo bien” (Beato Carlos Manuel). ¡Basta ya de sentimentalismos y flojeras que nos mantienen al margen de la cuestión! Saquemos mucho tiempo para tratar de amistad con quien sabemos nos ama, parafraseando a Santa Teresa. Junto a esto, ofrendemos nuestro tiempo a los hermanos como signo elocuente de nuestro amor a Dios.



