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En la primera lectura, Isaías presenta bellamente la figura del Mesías al pueblo que va a salvar y cómo lo va a salvar.

El libro de los Hechos de los Apóstoles presenta a San Pedro, indicándole al pueblo que Jesús comienza su misión en su Bautismo.

San Mateo presenta su versión del Bautismo del Señor y los pormenores que sucedieron.

La Fiesta del Bautismo del Señor marca el final del tiempo navideño y el inicio del Tiempo Ordinario. De hecho, esta fiesta ocupa el lugar del Primer Domingo del Tiempo Ordinario. El bautismo comienza el ministerio de Jesús como del Evangelio per se, siendo los relatos de la infancia de Jesús en Mateo y Lucas, y el Prólogo de San Juan los prólogos de los evangelios, las precuelas, si queremos utilizar una palabra en boga. San Marcos comienza directamente con el bautismo. Este es uno de los pocos episodios que se repite en los cuatro evangelios, pero cada evangelio tiene detalles que contradicen a los otros.

Isaías nos presenta bellamente la figura del Mesías, no como alguien que va a venir, sino como alguien que ya está aquí. En este sentido se adelanta por 700 años a San Juan Bautista. Enfatiza que el Mesías no es un rey guerrero que nos salvará con la fuerza de las armas, sino que nos salvará poderosamente, pero de manera dulce y pacífica.

Cuando San Pedro comienza a predicar en el discurso de Pentecostés, se concentra en la figura de Cristo, en el hecho de que a pesar de que sus oyentes lo habían matado había resucitado, y hace un recuento de su vida. Detalla el Apóstol, que Jesucristo comenzó su misión en su bautismo.  Pero el detalle que nos da es que Jesucristo fue bautizado en el Galilea que contrasta con la versión de San Juan, que nos dice que fue bautizado cerca de Betania. Sólo que Betania no queda cerca del Río Jordán. Son contradicciones que nos hacen ver que la Biblia no se puede tomar al pie de la letra, sino que hay que dejarse llevar por lo que la Iglesia nos dice.

Hablando de contradicciones, veamos la versión de San Mateo. Cuando la leemos, nos da la impresión que San Juan Bautista conoce a Jesús y sabía que Él era el Mesías. Fue DESPUÉS de su bautismo que Jesús recibe al Espíritu Santo en forma de paloma y se lo lleva al desierto. Esto parece coherente si consideramos que ellos eran primos. Por un lado, María sabía que Juan era el Precursor. Por otro lado, Isabel sabía que Jesús era el Mesías. Y que ambas prepararon a sus respectivos hijos para ese encuentro. Distinto es en otros evangelios, como el de San Juan por ejemplo, que el Bautista no sabía que Jesús era el Mesías y que lo reconoció cuando el Espíritu Santo bajó sobre él en forma de paloma ANTES de ser bautizado. Esto es para ponerlo en meditación.

Jesús comienza su ministerio con su Bautismo y nosotros comenzamos nuestra vida de gracia con el nuestro. La gran diferencia del Bautismo de Jesucristo y el bautismo nuestro es que, mientras nosotros somos transformados por las aguas bautismales, en el caso del Bautismo de Jesucristo son las aguas las transformadas por Jesús, recibiendo el poder de hacernos hijos e hijas de Dios.

Padre Rafael Méndez Hernández, Ph. D. (Padre Felo)

Para El Visitante

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