Hoy celebramos el Bautismo del Señor, un momento decisivo en la vida de Jesús y en la historia de la salvación. Con este gesto sencillo y profundamente revelador, Jesús se acerca al Jordán, se coloca en la fila de los pecadores y se deja bautizar por Juan. No lo hace porque necesite conversión, sino porque quiere solidarizarse plenamente con la humanidad y mostrarnos el camino.
Este acontecimiento nos introduce en el misterio de la oración. Jesús no comienza su misión con discursos ni milagros, sino con un acto humilde de obediencia y comunión con el Padre. El Evangelio nos dice que, al salir del agua, los cielos se abren, el Espíritu Santo desciende y se escucha la voz del Padre:“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
En el Jordán, Jesús ora con su vida, con su entrega, con su silencio. Y cuando Jesús ora, el cielo se abre. Esta es una enseñanza central para nosotros en esta Etapa de la Oración:
la oración no es evasión, es encuentro; no es refugio, es puerta abierta entre Dios y su pueblo.
Cuando una comunidad ora, el cielo también se abre sobre ella. La oración enciende el corazón, nos recuerda quiénes somos y nos devuelve la certeza de que somos hijos e hijas amados.
La oración nos da identidad. La voz del Padre revela la identidad de Jesús antes de que realice cualquier obra pública. Primero es Hijo, luego es enviado. También nosotros, antes de hacer misión, necesitamos escuchar esa voz en la oración que nos dice:“Tú eres mi hijo, tú eres mi hija, en ti me complazco”.
Sin oración, la misión se convierte en activismo; con oración, la misión nace del amor y se sostiene en la fidelidad.
La oración nos impulsa a la mision, después del Jordán, Jesús comienza su camino misionero. La
oración no lo detiene: lo envía.Así también nosotros: una Iglesia que ora es una Iglesia que sale, que sirve, que acompaña, que sana, que anuncia esperanza.
En este tiempo, necesitamos renovar nuestro bautismo, volver a la fuente, dejarnos sumergir
nuevamente en el amor de Dios para salir fortalecidos, con el corazón encendido y el paso firme hacia la misión.
Hoy, ante Jesús bautizado, hagamos nuestra la súplica de los discípulos y de toda la Iglesia:Señor,
enséñanos a orar.Enciende nuestro corazón con tu Espírituy fortalécenos para la mission a la que
nos envías como hijas e hijos amados del Padre. Amén

El bautismo de Jesús
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