Con el Adviento iniciamos un nuevo Año. Como Iglesia que peregrina nos disponemos a vivir este tiempo de gracia para despertar el corazón, fortalecer la fe y renovar la esperanza.
El Evangelio de hoy, tomado de Mateo 24,37-44, nos invita con fuerza a velar y estar preparados. Jesús nos recuerda que su venida será como en los días de Noé: mientras muchos vivían distraídos, unos pocos escucharon la voz de Dios y se dejaron guiar por Él.
Así también, hoy, el Señor nos llama a no vivir adormecidos por las preocupaciones, el ruido y la prisa, sino a mantener despierto el espíritu, atentos a su paso discreto por nuestra vida.
Adviento
Tiempo para despertar el corazón. El Señor viene. Viene a nuestro hogar, a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestra diócesis en camino de Jubileo. No llega con estruendo, sino en la sencillez. Para reconocerlo necesitamos corazones vigilantes, capaces de leer los pequeños signos de su amor.
Adviento
Tiempo para orar con esperanza. En este Jubileo de la Esperanza se nos invita a practicar una oración más intensa. Oración que nos abra a la ternura de Dios. Oración que fortalezca a nuestras familias. Oración que renueva nuestra misión evangelizadora. Tengamos presente que vigilancia que pide el Evangelio no es miedo sino confianza, es permanecer en diálogo amoroso con Dios para que su luz ilumine nuestro presente.
Adviento
Tiempo para dejarnos visitar por Dios. Jesús nos invita a estar preparados no con ansiedad, sino con la alegría de saber que Dios siempre viene a nuestro encuentro:
viene en la palabra, en la Eucaristía, en el hermano y la hermana que sufre, en la historia de nuestro pueblo que sigue escribiéndose con esperanza.
Oremos
Señor Dios de la historia y de la esperanza, al comenzar este santo tiempo de Adviento
abrimos nuestro corazón para acoger tu venida. Tú nos invitas a velar y a mantenernos preparados, no con miedo, sino con la confianza alegre de saber que siempre vienes a nuestro encuentro. Despierta en nosotros un espíritu vigilante, capaz de reconocer tus pasos silenciosos
en la vida diaria, en la oración y en el hermano que sufre. Virgen de la Providencia, Madre de la esperanza y estrella del Adviento, acompáñanos en este inicio del Año Litúrgico
y enséñanos a decir contigo: “Ven, Señor Jesús; despierta nuestro corazón”.



