La edición 23 de El Visitante de Puerto Rico nos invita a volver la mirada hacia el corazón mismo de nuestra fe: Jesucristo vivo y presente en medio de su pueblo. En un tiempo marcado por múltiples voces, preocupaciones y distracciones, esta edición nos recuerda que la Iglesia continúa señalando el camino hacia aquello que verdaderamente sostiene la vida espiritual del creyente: el encuentro con Dios.
La portada de esta semana está dedicada a la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, uno de los tesoros más profundos de la fe católica. En sus páginas, nuestros colaboradores reflexionan sobre el significado de que Dios no solo se haya hecho hombre, sino que permanezca con nosotros como alimento espiritual. La Eucaristía no es simplemente una tradición o un símbolo; es el centro de la vida cristiana, fuente de fortaleza, unidad y misión.
Esta edición también nos acerca al Año Jubilar Franciscano, que conmemora los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís. A través de una entrevista con Sor Karina González, descubrimos cómo el mensaje del santo de Asís continúa siendo actual en un mundo necesitado de paz, fraternidad y reconciliación. Su invitación a volver a lo esencial resuena con fuerza en una sociedad frecuentemente atrapada por el ruido y la prisa.
Asimismo, destacamos una conversación con José Ángel Cordero, director de administración y contenido de Tele Oro Canal 13, quien reflexiona sobre el papel de la televisión como herramienta para informar, formar y evangelizar. En medio de los desafíos de la comunicación contemporánea y el crecimiento de nuevas tecnologías, surge una pregunta fundamental: ¿cómo comunicar la verdad con responsabilidad y esperanza?
La edición se complementa con la cobertura de la Vigilia Nacional de Pentecostés, que reunió a cientos de fieles en Humacao para renovar su experiencia del Espíritu Santo; artículos catequéticos sobre el Magisterio de la Iglesia; reflexiones sobre el Sagrado Corazón de Jesús; y columnas que invitan a profundizar en la vida de fe desde distintas perspectivas.
En cada una de estas historias encontramos un hilo conductor común: Dios continúa llamando, alimentando y enviando a su pueblo. La fe no es una realidad estática ni una herencia que simplemente se conserva; es un don vivo que se fortalece cuando se comparte, se celebra y se pone al servicio de los demás.
Les invitamos a recorrer esta nueva edición con el corazón abierto y la disposición de dejarnos transformar por la gracia de Dios, para que aquello que recibimos en la oración, en la Palabra y en la Eucaristía se convierta también en testimonio vivo para nuestra familia, nuestras comunidades y nuestra sociedad.


