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Duodécima Promesa del Sagrado Corazón de Jesús

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Estuve en la Misa Exequial de mi suegro. Recuerdo que Servicios Funerarios Católicos manejó todo el proceso con perfección. Pensé que esto es parte porque la dignidad de los cristianos se basa en que nuestro cuerpo es “templo del Espíritu Santo. Entonces, regresaron los recuerdos de las Pompas Fúnebres de mis bisabuelos. Todo aquellos hermosos ritos y liturgias que se habían perdido en las funerarias comerciales. Desde entonces me he unido voluntariamente a la familia de SFC. Quiero que de cierto modo todo el mundo pueda honrar a sus seres queridos con la misma dignidad tuvimos con mi suegro.

Además de las Pompas Fúnebres, he notado que SFC nos ayuda con la pastoral de los últimos momentos de la vida terrenal. Sus colaboradores nos acompañan en los últimos momentos de nuestros familiares queridos. En ese sentido son realizadores de la duodécima promesa del Sagrado Corazón. Jesús prometió que: “A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.”

La perseverancia es la firmeza y constancia conque ejecutamos nuestros propósitos y resoluciones. Es el esfuerzo que pone el atleta para llegar a su meta, persiste en el ejercicio y el esfuerzo. Nosotros, no podemos permitir que la oportunidad de llegar a la meta que es el Cielo, se nos escape como agua en nuestras manos. Tenemos que tener una voluntad inquebrantable para llegar al Cielo. Esta promesa nos sugiere acudir mensualmente al Sacramento de la Reconciliación y a la Comunión para ir creciendo en gracias que hagan contrapunto a nuestros defectos, construir virtudes contra los vicios. 

En otros textos, se relata que en esta promesa Jesús dijo a santa Margarita María: “que no moriríamos sin los Sacramentos finales, asegurando la asistencia en la hora postrera, para no morir en desgracia.” Entonces esta promesa nos trae un rayo de esperanza, porque Dios nos revela que estará cercano en la hora final. Nos asegura que la muerte no nos sorprenderá en pecado, sino más bien, tendremos la oportunidad de reconciliarnos y estar en gracia antes de morir.

Entonces podremos decir igual que Jesús en la Cruz: “Padre, en tus Manos encomiendo mi espíritu”, (cf Lc 23, 46) y al expirar daremos un salto a los brazos del Padre Celestial que nos espera, para que comience la verdadera vida, en la Gloria. Entonces SFC llevará nuestro cuerpo a nuestra Misa Exequial y al sepulcro, donde nuestro cuerpo, que fuera templo del Espíritu Santo reposará en la espera de la resurrección.

Natalio Izquierdo, MD

Para El Visitante

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