Continuando con las catequesis cuaresmales a través de las primeras lecturas, el Libro del Éxodo nos trae a consideración el momento en que Dios se dirige por primera vez a Moisés, para encomendarle la gran tarea fundacional de Israel: su liberación del dominio del faraón de Egipto.
En la primera Carta a los Corintios, San Pablo les recuerda a los primeros cristianos que aceptan la voluntad de Dios y, para ello, les recuerda lo que les ocurrió a los que obraron contra los designios de Dios.
En el Evangelio de San Lucas, Jesús, a través de una parábola, nos indica que Dios nos da oportunidades que, si no las cogemos, luego las tendremos que lamentar.
Dios no quiere que el pecador se pierda sino que se salve pero, para ello, tiene que convertirse y aceptar la vida de Dios. La salvación no está en querer hacer nuestra voluntad, sino en aceptar a Jesucristo como nuestro salvador, y seguirlo por los senderos que él quiere que lo sigamos. Para eso, tenemos que aceptar lo que venga de Dios y no rebelarnos contra Él, queriendo seguir nuestra voluntad y no la de Dios.
En la carta en la cual le dice a los corintios que tienen que ser uno en Cristo y no fomentar las divisiones, o sea, en la primera Carta a los Corintios, San Pablo explica que todos somos uno en Cristo y que todos pasamos por las mismas tribulaciones. Para que nos sea más fácil pasar estas tribulaciones, tenemos que estar unidos en un solo corazón, el corazón de Jesucristo latiendo en medio de nuestra comunidad, comunidad eucarística. Sólo en esta unión, podremos superar todas las adversidades que nos tocan.
El Evangelio tiene una logística que es difícil de entender pero que es muy cierta. A veces, cuando vemos que alguien está pasando por una desgracia, nos alegramos de que dicha desgracia no nos pase a nosotros olvidando que nos puede pasar algo semejante o peor. Jesucristo, al confrontar a sus oyentes con la noticia de los pobres judíos sacrificados a los dioses romanos, les indica que no respiren aliviados de que eso no les pase. Al contarle una de sus parábolas de la viña, Jesucristo nos dice que Dios nos da oportunidades para la conversión, oportunidades que debemos de aprovechar.
Me acuerdo de aquel refrán, “cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar”, que indica que nos preparemos y que no nos recostemos hacia atrás, pensando que nada malo nos va a pasar. Me viene a la mente nuestra actitud hacia los huracanes: cada vez que un país vecino sufría por culpa de uno, nosotros nos creíamos que estábamos inmunizados de los mismos, porque Dios protegía a la Isla sin embargo, no hacíamos nada para agradecerle a Dios ese presunto privilegio divino, sino que seguíamos en nuestra vida de pecado. ¿Qué pasó? Nos tocó. Nunca tomemos a Dios por dado, al contrario, arrepiéntamos de nuestros pecados, recordando que la mejor forma de agradecerle a Dios su protección, es viviendo una vida santa. De eso se trata la conversión cuaresmal.



