La Diócesis de Ponce celebró con gran fervor su tradicional Fiesta Eucarística Diocesana bajo el lema “De la Mesa del Señor a la Misión”, una jornada de fe que reunió a sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles laicos para renovar su amor a Jesús Eucaristía y reafirmar su compromiso de anunciar el Evangelio en medio del pueblo.
La celebración tuvo lugar en un ambiente de profunda oración y adoración, e incluyó la reinstalación de los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, hombres y mujeres que colaboran con la Iglesia llevando el Cuerpo de Cristo a enfermos, ancianos y personas imposibilitadas de participar presencialmente de la Eucaristía.
Durante la homilía, el obispo de Ponce, Padre Obispo Rubén González Medina, destacó que la Eucaristía no es únicamente un acto litúrgico, sino una experiencia que transforma la vida y envía a los creyentes a la misión.
“La Eucaristía no nos encierra en el templo; nos envía”, expresó el prelado al recordar que todo encuentro auténtico con Cristo sacramentado debe traducirse en servicio, cercanía y compromiso con quienes sufren.

Dirigiéndose a los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, el obispo agradeció su entrega silenciosa y los describió como “los brazos extendidos de la Madre Iglesia”, llamados a llevar la presencia viva de Cristo a quienes esperan la visita del Señor en sus hogares, hospitales y centros de cuidado.
Mons. González subrayó que este ministerio no debe verse como una simple función práctica. “No son repartidores de comunión”, afirmó, sino auténticos portadores de la presencia de Cristo que llevan consuelo, esperanza y fortaleza a quienes atraviesan el dolor, la enfermedad o la soledad.
Asimismo, recordó que cada visita a un enfermo representa un encuentro con el mismo Cristo sufriente y exhortó a los ministros a ejercer su servicio con humildad, espíritu de oración y profundo amor a la Eucaristía. “Es gracia y no privilegio”, señaló al animarlos a renovar con alegría su disponibilidad para servir al Pueblo de Dios.

El obispo también resaltó que la Diócesis de Ponce se distingue por su profunda devoción eucarística y recordó que la celebración del altar encuentra su plenitud cuando se convierte en vida concreta. “Lo que celebramos en el altar estamos llamados a realizarlo en la vida”, afirmó, invitando a los fieles a convertirse en testigos del amor de Cristo en sus familias, comunidades y lugares de trabajo.
Al concluir la Santa Misa, los participantes acompañaron a Jesús Eucaristía en una solemne procesión por las calles de la Ciudad Señorial. Durante el recorrido se elevaron oraciones especiales por los diáconos y sus esposas, así como por las comunidades de vida consagrada presentes en la diócesis.
La jornada culminó con una renovada invitación a vivir una fe que no se limita al templo, sino que sale al encuentro del prójimo. Desde la Mesa del Señor, los fieles fueron enviados nuevamente a la misión, fortalecidos por la gracia de Cristo para llevar esperanza, fe y caridad a todos los rincones de la diócesis.



