A la edad de seis años, Carla Francesca Colón Miranda fue bautizada. Años más tarde, a sus 13, hizo la Primera Comunión. Ambos sacramentos se realizaron gracias a la insistencia de su abuela paterna. Sin embargo, en su núcleo familiar la fe se vivía de manera mínima.
“Asistía a la Iglesia muy poco, mayormente cuando me quedaba con mis abuelos paternos. Con esa falta de formación y vivencia de fe llegué a la adolescencia incrédula”, recordó.
Cuando comenzó su primer año de universidad fuera de Puerto Rico, su padre falleció de manera repentina. Esto la llevó a contemplar la vida después de la muerte y a explorar la espiritualidad. Sin embargo, con relativismo realizó su búsqueda en la nueva era, el protestantismo y en muchas creencias, pensando que todo era igual. “Pero a medida que leía y buscaba, llegué a la conclusión que solo la Iglesia Católica tenía la plenitud de la Verdad”, afirmó Colón Miranda, natural de San Juan.
Pero luego de comenzar a identificarse como católica -declaró- vivía el sincretismo, sin cumplir los preceptos, dogmas y doctrinas, y lejos de una genuina conversión. Un punto en su vida que nuevamente la hizo reflexionar sobre lo mucho que le faltaba conocer su fe, fue en la preparación para el Sacramento del Matrimonio. Ya casados, su vida matrimonial no fue fácil, pues su esposo no era católico y vivían en un yugo desigual. “El matrimonio no iba bien y sentía una gran necesidad de Dios en nuestras vidas”, confesó Colón Miranda, quien contrajo matrimonio hace 23 años con Rey Nieves y ambos tienen cuatro hijos, uno de ellos que partió a la casa del Padre.
Luego de participar en un taller de Balance Interior en Schoenstatt, experiencia que describió muy transformadora, aún no se atrevía ir a la iglesia. “Casi terminado el proceso del taller, surgió una crisis matrimonial que me llevó a realizar el rosario a solas, en llanto. A las dos semanas de ese rosario, mi esposo, que estaba reacio al catolicismo, pidió por interés propio, ser católico”, recordó. “Ese cambio repentino, inesperado y tan drástico, fue para mí un milagro. Eso comenzó la práctica de la fe en nuestra familia”.
Proceso de catecumenado y crecimiento en la fe
El proceso de catecumenado de Nieves (su esposo) fue para toda la familia un tiempo de gran aprendizaje de fe y crecimiento espiritual. “Nos unimos a un grupo de matrimonios de Schoenstatt, celebramos la Alianza de Amor en el 2015 y seguimos formándonos dentro del movimiento”, contó.
La también educadora en el hogar por los pasados 22 años, comentó a El Visitante que en el año 2016 vivieron la cruz de la pérdida de su hijo menor, Nicolás Xavier, debido a una condición congénita, diagnosticada desde el vientre materno. “Ese proceso me llevó a caer a los pies de Jesús y a acercarme a nuestra Madre María aún más”, declaró.
Con esta experiencia confirmó su llamado al apostolado provida. En su parroquia Nuestra Señora del Rosario, en Vega Baja, fundó Raíces de Amor, en el cual lidera las campañas 40 Días Por la Vida, acompañando a embarazadas y proveyendo la adopción espiritual. También colabora con Católicos Provida.
¿Cómo ejercitas cada día tu fe?
“Trato de comenzar cada día en oración con el ofrecimiento de la mañana y otras oraciones a través del día, voy a misa en días de semana, frecuento la confesión y practico las mortificaciones como el ayuno y la abstinencia semanalmente para crecer en disciplina, templanza y virtudes. Como familia hacemos el rosario diario”, expresó, al añadir que es devota de la Santísima Virgen María, de los Sagrados Corazones y de la reparación al Sagrado Corazón de Jesús.
Dones y carismas al servicio del Señor
Colón Miranda mencionó que el carisma schoenstattiano es un carisma pedagógico mariano que “nos lleva a educarnos en la fe y a educar”. “Como esposa, madre y educadora en el hogar, este carisma se manifiesta en primer lugar en el diario vivir de nuestro hogar con una educación cristocéntrica transversal y buscando el fiel y fidelísimo cumplimiento del deber”.
Resaltó además que a menudo ha sentido el llamado de Dios a servicios que siente no tener el don, pero deseando decirles sí a sus llamados, Él suple y capacita. “Pido a Dios poder escuchar y entender Su voluntad para cumplir con esa misión”, finalizó.
Marielisa Ortiz Berríos
Para El Visitante



